viernes, 17 de enero de 2014

Hagamos un mundo para que Gelman se quede. Por José de León


El amigo Pepe el Uruguayo nos manda este precioso homenaje al recientemente fallecido Juan Gelman para que lo publiquemos en el blog. 


Sin embargo, y a pesar de todo, yo soy otro… nos decía Juan, allá por la mitad del siglo que nos dejó. Y fui otro.

Recuerdo aquel libro sin tapas, de páginas amarillas gastadas por el tiempo. Llegó a mis manos, en una fría tarde lagunera, obsequio del amigo Víctor Caro. Estábamos enredados en militancias, enredo que me sigue acompañando. Lo encontró en un rastro en Madrid, después de haber pasado por manos, ojos, sentimientos y compromisos anónimos.

Y fui otro. Y otras empezaron a ser algunas de mis manías y mi forma de ver algunas cosas y de escribir y pintar algunas cosas, también fueron otras. Ya Juan Gelman formaba parte de mis bolsillos y de mi todavía escasa biblioteca.

 Bartolomé y su juventud morida, Javier Fernández Quesada y nuestra batalla contra el olvido, huelgas, tejerazos, luchas y amores, Gelman ya formaba parte de los grandes carteles, de los urgentes panfletos, de los encuentros poéticos, de las dedicatorias y de mis amares y andares.

¿A dónde fue la obrera enamorada?¿por qué caminito se fue? Y aparecía Gelman en un 8 de marzo y en las letras del Taller Canario.

Voy a firmar aquí porque me digo, que es bueno andar con la sonrisa entera, silbar bajito una canción cualquiera, tener un perro, un árbol, un amigo…… voy a formar aquí contra el espanto, por la paz, por la vida, por el canto, por el gorrión que vuela cuando beso. Brotaba el encanto de Juan en Tefía cuando nos reunimos para proclamar nuestro rechazo a las máquinas de guerra y a la entrada en la OTAN.

Salía Gelman de la tierra, enredado en tabaibas y barrancos, para decir con la tibieza de sus frases que no queríamos cemento en Veneguera, y allá el Juan nos echó una mano en forma de palabras.

El inmenso dolor que se formó en su aliento, lejos de caminar a la agonía, caminaba a la esperanza y se convertía en una fuerza enorme salida del papel…  o de la voz. Hijos, nueras, amigos, que compañeraron y acompañaron su tiempo, robados de la vida, habitaron en su corazón, en su mente, en sus sueños y en su irreductible abrazo a la verdad.

Encontró a su nieta, nacida del secuestro y la muerte de su madre, justo en mi paisito, por esos milicos de ambos lados del Plata, en una tarea común y con unos galones comunes que no sabían de frontera, porque la barbarie era su patria. Allá otra buena gente, como José Saramago, le ayudaron a encontrarla. Gelman la imaginó para luego presenciarla, besarla, abrazarla para que venciera el olvido y el fracaso.

Amó Gelman, seguro que amó intensamente, según delata el rastro de sus versos y la huella de sus andares.
Se quedó por México y allí, en estos últimos años, Gelman se había hecho amigo íntimo del presente, y hablaba de él con un gran conocimiento de causa. Muchos y bellos artículos de opinión. Hablaba de la guerra, de la discriminación de la mujer, de la causa de los más débiles, del  mundo que vendrá…

Pero como él mismo se preguntaba, hablando de ese mundo tierno de los que se juegan el tiempo y el tipo, ¿a dónde irán a parar?  A dónde, a dónde, cuando la vida es ancha a partir de ellos, a partir de sus brazos tendidos hacia el mundo...

A ese poeta que ayer nos dejó,  que se fue mucho más acá del  recuerdo, al que le ocurría la suavidad del alma, en el aliento de cada revolución, quiero desde este mundo tan necesitado en el que andamos, donde hace falta tanta gente que haga algo por torcer tanta injusticia… esperarlo. A ese poeta, digo, le espero de nuevo en el primer amanecer que me tropiece, para salir con él, por ese camino largo que nos queda todavía.

José de León (Pepe el Uruguayo)


viernes, 27 de diciembre de 2013

Colorines

(Viñeta de El Roto)
En el barrio de El Charco, en Puerto Cabras, durante casi cuatro décadas existió el colegio público General Primo de Rivera, construido por obra y gracia del Mando Económico Militar de Canarias en los años de posguerra. Ya vetusto y ruinoso el colegio fue demolido. A principios de la década de los 90 del pasado siglo se construyó, en ese lugar, Colorines, un edificio destinado a acoger una guardería municipal. Nunca lo fue. Los graves problemas de escolarización en Fuerteventura (y de incompetencia en la gestión educativa) hicieron que durante un tiempo fuese cedido a la Consejería de Educación para acoger a niños y niñas de educación primaria. Construido el nuevo colegio San José de Calasanz las criaturas se trasladaron y el Ayuntamiento recuperó el espacio. Desde entonces, ese lugar público municipal ha sido utilizado para múltiples menesteres, desde la realización de cursos varios hasta concursos y exposiciones ornitológicas.

Hace unos meses una persona nos informa que Colorines va a ser cedido (o vendido o regalado) a un colegio privado y que incluso ya se había dado la orden a los trabajadores y colectivos que utilizaban el centro para que lo fueran desalojando. Nos pareció increíble. Tanto que uno de los presentes, dedicado profesionalmente a la escuela pública, soltó una queja de la que esperamos no tenga que lamentarse: ¡por encima de mi cadáver! Pasaron las semanas y volvimos a preguntarle a nuestro informante. Este nos confiesa que no hay nada nuevo y que parece que tal atrevimiento (ceder un espacio público dedicado a la enseñanza pública a una empresa privada cuyo negocio es la enseñanza) había quedado paralizado. Respiramos aliviados, sobre todo el colega que iba a ofrecer su vida por la causa. Pero parece que la cosa iba y va en serio. En julio el Pleno Municipal, amparado en la quietud estival, aprueba la desafectación de Colorines; en septiembre se publica en el Boletín Oficial de la Provincia.

¿Desafectación? Desafectar, nos aclara el diccionario, es declarar formal o tácitamente que un bien de dominio público queda desvinculado de uso o servicio público. Es el primer paso para su privatización posterior. La táctica es la siguiente: se desafecta y luego -en el mejor de los casos- se saca un concurso público para ceder -o vender- las instalaciones a una empresa privada. Ese concurso ya tiene ganador, porque el (futuro) ganador ya cuenta con información privilegiada y, si lo apuran mucho, diseña hasta las bases de la oferta. Es un suponer. Porque claro, lo mismo a Marcial Morales le da por evitarse tan engorroso trámite y después de desafectarlo ya se lo afecta directamente al coleguita agraciado que lleva meses insistiendo en que colorines y colorado ese espacio público se ha terminado. Y hasta es posible que el futuro ganador, dueño de otra guardería, ya tenga hasta comprado el material escolar necesario para cuando el alcalde desafectador le entregue nuestro patrimonio a precio de saldo. Vamos, es otro suponer.

En el lenguaje posmoderno se cambia el continente para evitar mencionar el contenido. Ya se habían inventado la externalización para privatizar hasta el mismo sol. El Ayuntamiento de Puerto del Rosario es más sutil, se inclina por la desafectación como vía para el trasvase de lo público hacia lo privado, de lo nuestro hacia lo de ellos. ¿Y si ya puestos aprendiéramos de sus tácticas y desafectáramos el Ayuntamiento? Imposible: la legislación y el diccionario lo impiden porque antes tendríamos que demostrar que esa institución ejerce, aun disimuladamente, un servicio público.


sábado, 30 de noviembre de 2013

Tindaya en peligro y el PSOE en el limbo

En los últimos meses se han resuelto dos causas judiciales sobre la Montaña de Tindaya y el esperpéntico proyecto de agujerearla bajo la coartada de una pretenciosa obra de arte. La primera de las causas fue ganada por la Federación Ecologista Ben Magec – Ecologistas en Acción. El Gobierno de Canarias había aprobado, gracias a la labor del descatalogador de especies Domingo Berriel, las normas de conservación de ese Monumento Natural. Las normas fueron redactadas no para conservar el espacio y sus valores sino para permitir el agujero de Chillida. Las normas, entre otras barbaridades, obviaban la delimitación del Bien de Interés Cultural (BIC) que, por ministerio de ley, le corresponde al albergar la montaña una importantísima estación de grabados rupestres. Los grupos ecologistas y los profesionales de la arqueología en Canarias llevaban casi veinte años solicitando su declaración de BIC, su delimitación y su protección. En todas esas peticiones se solicitaba que se declarara Bien de Interés Cultural a toda la montaña. A pesar de ser el órgano competente y de estar obligado a su declaración formal, el Cabildo de Fuerteventura jamás procedió a hacerlo, incumpliendo lo legalmente dispuesto.

La sentencia anula las normas de conservación aprobadas por el Gobierno de Canarias, entre otros argumentos, porque no se había procedido a la delimitación del BIC. Al día siguiente el portavoz del Gobierno de Canarias manifestó que el proyecto (de abrirle un boquete para negocio de particulares) seguiría adelante. Es un proyecto irrenunciable; más bien un negocio irrenunciable.

Después de veinte años solicitando su protección real, el Cabildo Insular de Fuerteventura, a través del consejero de Cultura del PSOE, Juan Jiménez, se despachó el expediente de declaración de BIC en un mes. Para ello se volvieron a saltar lo dispuesto en la legislación: se debe realizar un estudio pormenorizado de los valores a proteger, estableciendo la protección no solo a los grabados, sino al espacio que los sustenta y los dota de contexto e interpretación: la Montaña de Tindaya. No se realizó ningún estudio. El expediente se basa en el informe de Fernando Álamo Torres, procedente de la memoria arqueológica del proyecto de Chillida. La Consejería de Cultura y Patrimonio, además, cercenó el informe técnico: en el estudio se solicitaba la protección no solo de los grabados sino de todos los valores arqueológicos de la Montaña. Para mayor escarnio, la delimitación propuesta por el Cabildo es de dos metros a partir de los grabados algo que, según el doctor en Historia y arqueólogo José de León, no tiene precedentes en toda la gestión del patrimonio histórico del Estado español. En resumen, una mierda de expediente que debería avergonzar al consejero y a los técnicos que lo firmaron y que volverá a enredar aun más, si cabe, la madeja administrativa de un caso delirante.

La segunda sentencia es de apenas una semana. El Tribunal Supremo ha desestimado la devolución del dinero público -23 millones de euros- que nos robaron directamente a través del entramado corrupto que auspició el propio Gobierno de Canarias. Es más, la sentencia deja claro que el Gobierno fue parte conocedora e interesada de ese robo. Al día siguiente, cómo no, el portavoz del Gobierno volvió a repetir la consabida matraquilla: el proyecto es irrenunciable. A estos les da igual las sentencias judiciales, el dinero común y la oposición ciudadana. El negocio es el negocio. Pero, casi al mismo tiempo, la diputada majorera del PSOE, Belinda Ramírez, manifestaba que la obra no es un proyecto prioritario y que no se debe gastar ni un euro más en esa ocurrencia. ¿A quién debemos creer?

El caso Tindaya es sintomático del estado catatónico en el que se encuentra un partido que pretende  ser una alternativa de gobierno. Y es un ejemplo de por qué las personas de izquierdas que alguna vez creyeron su canto de sirena les dan la espalda. Son incapaces de plantarse, si quiera, ante un caso flagrante de corrupción que arrastra la friolera de dieciocho años. Dicen una cosa y hacen la contraria solo con la finalidad de beneficiarse de los repartos de cargos que le garanticen cuatro años en la política profesional. No hay más. Mientras la diputada majorera vendía el humo a los cuatro vientos, su compañero de partido, Juan Jiménez, firmaba un expediente que constriñe la delimitación del BIC a su mínima expresión, para que no sea impedimento a la osadía de vaciar el espacio natural y cultural con más figuras de protección de este Archipiélago.

Y nos entra la duda de si nos toman por tontos o no dan más de sí, porque esa estrategia de permanecer en el limbo político la repiten con insistencia. Un ejemplo más de cómo un partido lleva a lo extremos la máxima de que no se entere tu mano izquierda de lo que hace la derecha. El PSOE en Canarias saca su mano izquierda para brindarle al sol y si tiene que cerrarla para entonar la Internacional ante las cámaras no duda en hacerlo. Con la derecha contribuye, sin ambages, a limitar los derechos civiles y a participar de la corrupción sin mostrar arrepentimiento. Tindaya, es todo un ejemplo.


miércoles, 20 de noviembre de 2013

El día que cierren la Televisión Canaria

Cierran el Canal Nou, la televisión pública valenciana, y a sus trabajadores, que durante años han formado parte de su entramado manipulador, les entra una crisis de conciencia. Ahora que pierden sus puestos de trabajo denuncian lo que otras personas, colectivos y partidos venían denunciando desde hace tiempo. Un tiempo en el que permanecieron callados como erizos, dejando su dignidad de lado y su profesionalidad (y su profesión) a la altura de los ñoños y más abajo. Sí, es cierto, han pedido perdón públicamente, pero ese gesto solo ha sido motivado por el cierre de la empresa a la que le dedicaron lealtad por encima de los principios elementales del periodismo. Fueron lacayos y, sirva la comparación jurídica, conformaron la cooperación necesaria para que la manipulación pudiera producirse. No se pedían héroes ni modernos quijotes, simplemente que no traicionaran a su profesión: algo tan sencillo -y tan complejo- como no mentir, no ocultar la verdad, no censurar. Informar. Pero se dedicaron a desvestir la realidad y a ser la voz de su amo sin sentir la vergüenza de hacer justo lo contrario de lo que debieran. Y a los que sentían vergüenza transitoria el apuro se les curaba a base de nominazos.

Es posible que el Canal Nou llegara a niveles insufribles de manipulación mediática. Hasta en la deshonra hay jerarquías. Pero la Televisión Canaria podría echarle un pulso a su colega valenciana sin problema ninguno. Su director, Willy García, ha convertido un servicio público en un producto basura: la visión de algunos programas provocan náuseas y, en algunos casos, ganas de pedir asilo político en las Islas Salvajes. Si lo que se retrata en programas como La Gala o Viva la fiesta es parte de la idiosincrasia de este pueblo, larga y oscura es la travesía que nos queda por recorrer. Pero estamos convencidos de que, al igual que no nos sentimos representados por la mediocre clase política canaria, su televisión zafia, hortera y rastrera tampoco representa la realidad canaria por mucho fútbol, romería y baifo aromatizado con gofio de cinco cereales que nos metan por los ojos. Si este instrumento es, como sostienen, el eje vertebrador de este archipiélago estamos más empenados que una rueda de bicicleta sin radios.

Con todo, lo peor no es lo que sale, sino lo que ocultan. La joya de la corona, la esencia de la canariedad ultraperiférica, la emiten sus informativos. Paulino Rivero aparece y reaparece, entre noticias absurdas de sucesos, en los actos más inverosímiles e insustanciales. Ese hombre, si creemos las informaciones, no tiene vida. O tiene varias. O tiene dobles que lo sustituyen en las escenas peligrosas, bien arando con un burro majorero, bien peregrinando a todas las Vírgenes insulares, bien corriendo tantas medias maratones. Sí, de acuerdo, es el presidente del Gobierno, pero no deja de ser una de los dos millones de personas que habitan en esta tierra única. ¿Dónde están las casi cuatrocientas mil personas paradas?, ¿dónde las noticias sobre los recortes de los servicios sociales de Canarias?, ¿dónde la oposición al Puerto de Granadilla, a las regasificadoras, al agujero de Tindaya?, ¿dónde se ocultan las personas que el Gobierno de Canarias ha dejado sin atención sanitaria?, ¿dónde están las decenas de casos de corrupción de los partidos gobernantes de Canarias?, ¿dónde está Zerolo?, ¿dónde la imputación de Claudina Morales, Domingo González y toda la corporación de La Oliva?, ¿cómo sobreviven las cientos de familias sin ingresos ni ayudas institucionales?, ¿qué ha pasado con los miles de jóvenes que han sido expulsados del sistema educativo canario por falta de recursos, de becas, de oferta educativa?, ¿qué sucede con la represión policial en los barrios marginados?, ¿dónde están las voces críticas, los profesionales independientes, las minorías políticas, las alternativas sociales?

Pues eso. El día que amenacen con su cierre y con despedidos, los trabajadores de la Televisión Canaria lo mismo se recuperan de la amnesia informativa que ellos mismos provocan con su profesional silencio. Y lo mismo se sienten huérfanos de solidaridad, como huérfano se siente este pueblo de una televisión que no manipule ni que oculte la información a la que tenemos derecho.

domingo, 27 de octubre de 2013

El pollaboba

(Imagen extraída de El Día)
El término gilipollas, despojado por el uso de su carga sexual, ha devenido en un mero insulto, sinónimo de estúpido. Se suelta con frecuencia en conversaciones de la Península Ibérica pero la palabreja no ha tenido mucha suerte por aquí abajo. Y es que, esa g inicial que rasca la garganta y esa s final tan contundente, casi nos duelen en los oídos y hemos terminado por marginar la palabra por su sonido, como discriminamos otras palabras que nos suenan extrañas, estridentes, prescindibles. Para cubrir tremendo vacío alguien canarizó el insulto. Lo despojó de fonemas disonantes y le mantuvo su peyorativo origen sexual y su significado. El resultado fue la creación del pollaboba, que es lo mismo pero es distinto. Es una subespecie autóctona más cercana al cretino, al simplón, al bobomierda. Pero también al enterado, al echado pa'lante, al papafrita. Y hay veces que el pollaboba reúne en un solo cuerpo todo su campo semántico y los de todos los sinónimos. Entonces pasa a ser un pollaboba integral que en el lenguaje coloquial canario se resume en un ¡fuerte pollaboba!

Manuel Fernández es un diputado canario del PP y secretario regional del partido. Lleva más de veinte años viviendo de la política profesional, gracias a la cual se debe haber visto toda la filmografía clásica española en su iPad, porque a eso es a lo que se dedica en algunas sesiones parlamentarias. No es el único que utiliza el sueldo que le pagamos para alimentar su cultura. Hace apenas una semana la diputada de Coalición Canaria, Nuria Herrera, fue fotografiada en su escaño mientras hacía la tarea de su hijo porque, según explicó, su cargo le deja poco tiempo para tales menesteres. Pero Manuel Fernández también utiliza su tiempo parlamentario para estudiar las mareas. Y, claro, tras  veinte años que ha tenido para investigar el horizonte desde su escaño, el hombre ha concluido que si hay un vertido de petróleo, el océano, que es de derechas, lo arrastra para el continente africano, así que tranquilos.

La semana pasada Manuel Fernández manifestó en el Parlamento que los marroquíes piensan que en Canarias hay mucho gilipollas, básicamente englobados en el insensato sector de la población que sigue pensando que el negocio de Repsol no es el nuestro; sector que además, por no haberse leído su estudio científico sobre la dinámica de las mareas, piensa que en caso de un derrame el piche teñirá nuestras costas. Y la criatura se reafirmó y sentenció, sin hacer público su profundo análisis sociológico, que sí, que en Canarias hay mucho gilipollas, tantos como opositores a las benditas prospecciones petrolíferas en nuestro mar. Ya sabemos que en ese Parlamento se dicen muchas pollabobadas. De hecho, salvo algunas excepciones, el diario de sesiones contiene una alta densidad de pollabobadas, lo que lo convierte en el vademécum del pollabobismo. Pero oiga amigo, no sea usted faltón y menos con palabras tan groseramente extrañas porque si no aplicaremos el atenuante de defensa propia y le responderemos con sus mismas armas dialécticas pero en canario. ¿Lo entendió, pollaboba?

miércoles, 25 de septiembre de 2013

El meridiano que pasa por Canarias

Dejando de lado su exquisito dominio del inglés este hombre nos va a volver locos. Habla siempre con tanta seriedad que pretende sentar cátedra. Parece que su lengua la mueven los dioses que, de paso, lo agraciaron con un saber enciclopédico. Desde que lo nombraron ministro está desparramado como un vertido de petróleo en un océano. El vídeo es una clase magistral de geografía absurda, de geopolítica del disparate; disparate, del que por cierto, culpa a alguien en su conferencia. Según el ministro de Repsol, el meridiano de Greenwich pasa por Canarias de toda la vida. Bueno, en realidad desde 1844 cuando, según la cronología soriana, todos los países del mundo (sic) se reunieron en Washington y decidieron establecer esa línea como el meridiano cero. Todos los países del mundo fueron veinticinco y la conferencia de Washington tuvo lugar cuarenta años más tarde, en 1884. Solo por esos fallos un alumno difícilmente aprobaría Geografía en el bachillerato, pero en España llega a ministro y se queda cobrando un sueldo de por vida.

Este hombre, a pesar de su pronunciación y de su rostro mal encarado, parece que es canario. Una cruz que sobrellevamos como podemos y es que, como dice un amigo, tiene que haber de todo. Este hombre debe de tener docenas de asesores que cuidan de él, le preparan sus discursos, le trazan la raya del pelo como un meridiano y le eligen las camisas. Este hombre es el que más mea en asuntos industriales y turísticos y dicta las órdenes que afectan a casi el cincuenta por ciento del Producto Interior Bruto de un Estado que está en el G20. Este hombre no duda, sino sostiene que el meridiano de Greenwich pasa por Canarias y además nos advierte que por mucho que nos empeñemos en que no pase por Canarias, el meridiano seguirá pasando. Es lo que tienen los meridianos, que son morrúos y no atienden a razones.

El meridiano de Greenwinch sale del Polo Norte y tira para abajo; pasa, a no ser que Soria lo discuta, por Greenwich; atraviesa sigiloso la Península Ibérica por la provincia de Huesca y otros lugares y sigue su feliz camino por África continental; se da un chapuzón en el Atlántico meridional y va a tener al Polo Sur. A no ser que Canarias esté en el Monte Perdido o en Togo y no nos hayamos enterado, el meridiano cero no nos roza desde que unos desalmados nos los robaron del Faro de la Orchilla. También puede ser que a Soria, que ya tiene unos añitos, se le quedara impreso en su memoria aquel cuadrito que nos aupaba no sé cuántas latitudes y nos situaba al lado de las Baleares en el mapa del tiempo. Lo mismo ese hombre cree que estamos allá arriba. Pero no puede ser porque si no se opondría a las prospecciones petrolíferas como se opone el PP de Baleares y de Valencia.

El caso es que, si visualizan el vídeo, observarán cómo Soria imparte dogma sobre algo tan elemental y se permite insultar a la inteligencia en general y a la cordura en particular de manera meridiana. No es un desliz, es una sobredosis de arrogancia. Pero lo que más asusta es que si miente públicamente y con tanta soberbia con algo tan demostrable ¿cómo creer a un ministro que nos jura con igual vehemencia que Repsol nos hará eternamente felices?

lunes, 5 de agosto de 2013

La Estrategia

(Viñeta de J. Morgan)
La política no es una profesión, es una vocación. Parece que se nace con eso, adherido a algún cromosoma, o a algún gen, o al espíritu, o a algo. O a lo mejor es al revés y es la vocación la que llama al político una triste tarde de invierno apartándolo de otros caminos que no eran vocaciones, sino profesiones. Por culpa de ella se han perdido para el mercado laboral grandes abogados, grandes médicos, grandes registradores pero, sobre todo, se han perdido grandes parados. Gente abocada a tener un empleo precario o a no tener oficio a la que, de repente, la maldita vocación política le asalta al cuello y ya no se libra de ella hasta la muerte. Esa vocación, parece demostrado, luego genera una reacción química que afecta a las neuronas y se termina diciendo machangadas, con todo respeto. De eso se da cuenta uno después de algún tiempo. Porque si se dicen con traje y gesto serio, mirando a las cámaras, las machangadas se convierten en sentencias o en aforismos o en frases cliché que se aprenden en la escuelas de corrección política, a donde acuden los políticos cuando la vocación vacila. Allí aprenden a expresarse combinando circunloquios y perífrasis rumbo a la nada. Y cobran por eso y por otras nadas.

La nada más absoluta es no aparecer ni cuando se llaman a ellos mismos. Se convocan y no van, muchas veces por cuestiones de agenda. Su frenética actividad nadista a veces los confunde y convocan un pleno cuando ya habían concertado la asistencia a la romería o a la comunión del ahijado. Hay veces que hasta el iPad que les compramos no les recuerda sus citas a tiempo; citas a las que, por otro lado, no están obligados a acudir porque las reuniones también son vocacionales. Y otras veces se alinean los planetas y se produce el encanto: demagogia e incomparecencia más o menos a partes iguales.

Preocupado por el avance de la pobreza, que entre tanto ajetreo lo ha cogido de improvisto, el Parlamento canario se convocó a sí mismo para aprobar un plan al que llamó Estrategia Canaria frente a la Pobreza, la Exclusión Social y a favor del Desarrollo Humano. Así, todo seguido, conteniendo el aliento y sin desparramarse por el camino. La Estrategia es para leerla, en especial en lo concerniente al Desarrollo Humano. Fundamentalmente se trata de dar dinero a los empresarios para crear empresas y cargos y cursos y comisiones de seguimiento y convenios con las cámaras de comercios y comercios con las cámaras de convenios. Esto es el desarrollo humano según el Parlamento y a este tipo de economía que nos desarrolla humanamente la denomina economía azul (sic) y se queda tan pancho. Todo se basa, si confiamos en la estrategia, en que hay que tener en cuenta que las personas en esa situación viven en un determinado espacio o territorio (barrio, comarca, pueblo, distrito, bloque de edificios, ciudad, isla, municipio…) y en cada espacio podemos tener lo que necesitamos si valorizamos lo que tenemos.

Cójase esta última frase, contenida en el documento estratégico, y dele la vuelta, pásela a pasiva, vírela boca abajo, sacúdala, hágale una liposucción sintáctica y, por favor, nos la explican. Los que carecemos de vocación estamos en otro nivel y no terminamos de comprender. O eso o que se están descojonando de los pobres advirtiéndoles de que en sus barrios tienen lo que necesitan pero no valoran lo que tienen. Pobres tontos. Pero esto sería una provocación y no una vocación, que tienen la misma raíz pero caminos políticamente divergentes. Y esta gente -los diputados canarios que no los pobres- son gente seria y llevan meses asegurando que este pleno contra la pobreza era el más importante de la legislatura y posiblemente del último milenio. Pero se les descuadró la agenda poniéndolo el día veintinueve de julio: de sesenta señorías solo acudieron a votar treinta y seis. Confundieron la vocación con la vacación. Un descanso merecido después de poner un título tan largo a una estrategia compleja y además azul. Y es que no siempre valorizamos lo que tenemos en ese espacio parlamentario, donde la democracia y la pobreza están como ausentes.