lunes, 8 de mayo de 2017

Los distinguidos


(Ángel Jové, el Distinguido)



Pocos oficios hay tan privilegiados como el de de ser un empresario turístico en Canarias. El turismo en esta tierra es una actividad económica descontrolada. Es absolutamente imposible saber cuánto capital mueve, cuánto empleo genera, cuánto dinero público recibe, qué parte de la tasa de beneficios se queda en Canarias, qué cantidad de recursos naturales consume.  Solo existen estimaciones que, en su gran mayoría, son vendidas mediáticamente por las patronales turísticas; las mismas patronales que organizan congresos y simposios  (financiados con dinero público) para que el profesorado universitario de Canarias avale con sus informes a la carta las virtudes de la actividad.

Solo dos datos: El empresariado turístico es –junto el constructor- el más beneficiado por ese robo legal que es la RIC, mecanismo por el que se dispensa a los ricos de la sufrida carga de pagar impuestos. Y, por otro lado, esta elite privilegiada cuenta, en cada una de las islas, con un ente público –el Patronato de Turismo- que sirve básicamente para dos cosas: para hacerles las campañas publicitarias a los empresarios turísticos con nuestro dinero y para enchufar a cargos de confianza que se meten la vida soñada tribulando por esos mundos de ferias  y marketing hortera.

Por una sentencia del Tribunal Supremo nos acabamos de enterar que uno de los mayores imperios turísticos españoles, Anjoca, ha sido condenado  a devolver  algo más de cuatro millones de euros a las arcas del Estado. 

La historia es la siguiente: a partir de 2003 la empresa Anjoca Canarias S.L. (cuyo máximo accionista es  Ánjel Jové), construyó tres hoteles de cuatro estrellas, uno de cinco estrellas y un campo de golf en El Castillo, municipio de Antigua (Hoteles Elba). Recordemos que además le permitieron construir playas artificiales delante de sus hoteles destruyendo un importante yacimiento paleontológico. Para que entendamos a qué tipo de empresa nos referimos baste mencionar que su cifra de negocio de 2016 fue de 107 millones de euros.

Para construir esos hoteles y campo de golf, Anjoca recibió una subvención de 15’2 millones de euros  del Estado a través de un instrumento denominado Zona de Promoción Económica de Canarias.  Anjoca Canarias se comprometía a mantener durante dos años 508 puestos de trabajo.  Solo creó 373, de ahí que tenga que devolver la parte proporcional más los intereses de demora.

Que a una empresa que mueve más de cien millones de euros anuales se le conceda una subvención de 15 millones, independientemente de su cumplimiento, explica diáfanamente cómo está diseñado el sistema: el dinero de las clases trabajadoras se destina a aumentar la tasa de beneficios del gran capital.


Ángel Jové fue bendecido en el año 2014 por el Cabildo de Fuerteventura –a través, cómo no, del Patronato- con el premio Playas de Oro en un certamen trasnochado que se denomina Distinguidos del Turismo. Se distinguió, como hemos leído, por haberse mamado cuatro millones de euros de nuestro dinero. Además del dinero que debe de devolver no estaría de más que devolviera un premio inmerecido.