viernes, 7 de octubre de 2011

Una tierra única en cinco capítulos


I
Lo cuenta José Rial Vázquez, periodista y miembro del PSOE cuando el golpe de Estado de 1936 aniquiló la democracia. Detenido en Santa Cruz de Tenerife, fue encerrado en el Santa Rosa de Lima, uno de los barcos que en la bahía de aquella ciudad funcionaron como prisión flotante. Aquellos barcos conformaban unas islitas siniestras a las que se les denominó Archipiélago Fantasma. Junto a aquel buque fondeaban, compartiendo su macabro fin, el Gomera, el Adeje y el Santa Elena. Repletos de hombres acusados de ser leales a la República, los días transcurrían con la magua y el susto metidos en los cuerpos. Para mantenerse entretenidos decidieron editar algunos periódicos: el Ratonerías, el Katipunan, el Rataplán y alguno más. Los escritos pasaban a duras penas la censura y otra veces circulaban de manera clandestina. Al poco se desató la polémica, un reflejo satírico de lo que sucedía, no se sabe desde cuándo, en el Archipiélago real: cada una de aquellas islas navales reclamó para sí, a través de su prensa, la capitalidad del Archipiélago Fantasma.

II
Un proyecto de promoción turística fue patrocinado por Cabildos y otros palacios del poder. Centrado en el paisaje volcánico, pronto empezaron los problemas: había que elegir un volcán representativo de estas islas. Para no herir susceptibilidades se eligió un volcán submarino que, dicen, emite lavas ocasionales entre Tenerife y Gran Canaria. Gracias al volcán intermedio se superó la crisis, se diseñó un DVD promocional y se mostró, antes de su difusión, a las instituciones que habían puesto las perras. Todo fue bien hasta que el político de Gran Canaria encargado de bendecir la operación puso el grito en el cielo. El video hacía un recorrido sobre los espacios emblemáticos de Canarias donde las lavas y la erosión habían modelado el territorio. Cuando la cámara pasó por el Bentayga detrás apareció, cosas de la geografía, el majestuoso Teide. "Ese Teide -ordenó el político bastante contrariado- me lo quita de ahí". En el video definitivo una nube artificial tapa, por orden gubernativa, la belleza de allá enfrente.

III
Durante años el padre de una amiga sufrió alzheimer antes de fallecer. En sus últimos meses ya no reconocía a su esposa, ni al resto de su familia, ni los lugares que lo rodearon toda la vida; en él habitaba el olvido permanente. Pasaba el tiempo entretenido viendo la televisión abrigado en su silencio. En esos momentos solo una cosa le sacaba de su desmemoria: si la tele emitía alguna noticia de la isla de enfrente el hombre se envenenaba y lanzaba maldiciones y reproches: "esos granujas lo quieren todo para ellos." Qué machaque tuvo que haber sufrido aquel cerebro para que su último resquicio de memoria no se agarrara a sus amores sino al pleito entre islas de un mismo archipiélago.
IV
Antes de este último verano casi doscientas personas de distintos ámbitos científicos redactaron y firmaron un documento en favor de la protección de una montañita insumisa que responde por el nombre de Tindaya. Una parte importante de aquellos firmantes ejercen la docencia y la investigación en las dos universidades canarias. Cuando se le preguntó al máximo valedor del proyecto de agujerar la Montaña -el presidente del Cabildo de Fuerteventura, Mario Cabrera- cuál era su opinión sobre esa petición de amparo científico, el hombre se limitó a desprestigiar la propuesta porque estaba hecha por gente de afuera, de otras islas, que no quieren que Fuerteventura progrese. Para el Presidente, miembro del partido que inunda los medios con la cantinela de que somos una tierra única, la comunidad científica canaria es de allá afuera. En su fuero interno, en cambio, debe pensar que Chillida, sus herederos y los Fernández Ordóñez son de Tiscamanita.

V
Vivimos en un Archipiélago de risa, único lugar del mundo que tiene una capital compartida. Los pleitos insulares, lo sabemos, los generan las élites políticas y económicas y los difunden y explotan los medios de persuasión, pero terminan idiotizando a una parte, nos tememos que cada vez más grande, de la población. A finales de agosto una noticia fue incluida en varios periódicos insulares: un calamar gigante apareció muerto en las costas canarias. El problema fue que las mareas, irreflexivas y arbitrarias, lo vararon en una playa de Tenerife en vez de repartir sus rejos -por el sistema de triple paridad- por todas las islas. El pobre calamar, desconocedor de nuestras miserias, no sabía dónde se metía. La noticia, que se suponía tenía un interés zoológico, derivó, a través de los comentarios de los lectores, en un disparate sobre el pleito insular tan absurdo que, como en toda tragicomedia, produce sonrisas y pena. Y hasta un poco de miedo.


PD: la noticia y los comentarios se pueden consultar entrando, por ejemplo, en:
http://www.canarias7.es/articulo.cfm?id=226763&p=2


miércoles, 5 de octubre de 2011

Nuestra vida en una bolsa


No conozco a nadie que invierta en la Bolsa y, si lo conozco, se lo tiene bien calladito porque no me he enterado. A veces creo que la Bolsa no existe. De hecho, según me han explicado con gran paciencia, el dinero que se mueve en la Bolsa llega un punto que alcanza la intangibilidad y se convierte en directo ficticio. No me pregunten cómo pero el dinero que se volatiza en las pantallas del IBEX vuelve, como ganancia, a los grandes inversores en forma material; dinero contante y sonante. Pero, si la Bolsa quiebra, las pérdidas las pagan las personas que no juegan. Es un invento tenebrosamente infalible: la banca siempre gana.

La cosa se ha ido perfeccionando con el paso del tiempo. El capitalismo aprende de sus errores. En el crack del 29, la primera de las crisis capitalistas con carácter planetario, los arriesgados inversores se tiraron desde los balcones. Ahora no. Ahora nos desalojan, nos desahucian, nos congelan las pensiones, nos bajan los sueldos, capitulan de esa falacia del Estado del bienestar y reforman toda una Constitución (que nos habían dicho que no se podía reformar) para que no se repita la escena y para que los banqueros se puedan asomar a los balcones sin el vértigo de antaño.

Parece ser que para que los mercados hagan sus negocios es necesario que las cuentas públicas estén saneadas. La clase política repite como una cacatúa domesticada las órdenes del capital, aplicando la didáctica infantil no por ánimo pedagógico sino porque no da para más. Para justificar la reforma constitucional sus alegres señorías han explicado que el Estado -esa casa común, nos dicen- es como un hogar cualquiera donde no se puede gastar más de lo que se ingresa. Olvidan que los hogares están endeudados, hipotecados con préstamos que se pagarán a los usureros en décadas de intereses casi eternos. Mejor estaría que se hubiese reformado la Constitución para prohibir nuestras deudas. De hecho habría que introducir tantas reformas que a la Constitución no la reconocería ni la santa transición que la parió. Para no agobiar con propuestas excesivas plantearemos una que debe contar con un amplio consenso: incluir un artículo donde se prohíba el paro. Parecerá descabellado pero ¿acaso el déficit estatal es más importante que el empleo digno?

Pero, claro, a la clase política lo que le interesan son los mercados de valores y no el mercado laboral. Según los datos publicados sobre los patrimonios de los diputados y senadores, más del cuarenta por ciento de esa casta tiene acciones directas en bolsa o en fondos de inversión. De ahí su interés para facilitarle un escenario benigno a los mercados. Si los mercados se ponen nerviosos, a nosotros nos convierten en su tila.

Hace años, en los informativos, las noticias referidas a la Bolsa eran más bien escasas, a veces contenidas en un aparte para expertos. Hoy ocupan la primera plana, el primer titular, y compiten con el fútbol en el tiempo dedicado a sus vaivenes. Nunca antes a un asunto invisible se le había dado tanta importancia mediática. Los tonos de los informadores se vuelven pesimistas cuando la Bolsa sufre una caída y despliegan énfasis optimistas cuando los índices bursátiles suben para mayor gloria del capital. Tendremos un buen día si la cotización está en alza. Da igual que usted esté en paro, que cobre un salario de miseria, o que no conozca a nadie que juegue en la Bolsa. Por fin estamos en posición de contestar a la pregunta histórica: ¿la bolsa o la vida? La cosa está clara, no porque lo hayamos meditado, sino porque los atracadores eligieron primero.

miércoles, 22 de junio de 2011

Tortuga lista, consejero bobo (¿o era al contrario?)

Esta es una fotografía en negativo: una obra de arte de la propaganda institucional. Nada es lo que parece. En las películas del lejano oeste los lugareños se entretenían haciendo carreras con ranas; en la foto da la sensación de que acaba de empezar el Gran Premio de Cofete de tortugas. Si observan bien los caparazones comprobarán que le han puestos dorsales a la primera línea de la parrilla de salida. El paso de las tortugas (¿las tortugas dan pasos?) es, como todo el mundo sabe, lento y parsimonioso, lo contrario del gastadero de euros que ha costado organizar esta carrera para los medios.


Centremos la mirada en el piloto número dos contando desde la izquierda. Seguramente es la primera vez que ese hombre pisa una playa y ha logrado contener su innato deseo de destruirla. Es el Consejero Contra el Medio Ambiente de la República Ultraperiférica conocida antaño como Canarias. Esa mano que empuja grácilmente el trasero de su tortuga ha firmado los mayores atentados contra los ecosistemas insulares: un agujero en Tindaya, un puerto en Granadilla, la descatalogación de nuestras especies más amenazadas, las medidas urgentes para legalizar todo lo ilegal; en fin, un hombre que es al medio ambiente lo que Mourinho es al fútbol: un infiltrado para acabar con la belleza desde adentro.

Con esa mano que ahora toca el culo también firmó la reclamación de los intereses de demora al Ayuntamiento de Puerto Cabras porque éste se había retrasado en el pago de uno de los mayores pelotazos jamás firmados en Fuerteventura. El negocio consistió en venderle unos terrenos no urbanizables y catalogados como zona verde al Ayuntamiento (gobernado por su partido) para que se construyera allí el museo arqueológico de la Isla. Por aquellos terrenos -improductivos económicamente- el Consejero y su familia obtuvieron la extraordinaria cantidad de 505 mil euros y once parcelas en un polígono industrial. Pero, fíjense ustedes, ahora sabemos que allí no se construirá jamás ningún museo arqueológico. Este hombre es nuestro Atila: por donde pasa no vuelve a brotar la naturaleza al tiempo que crece la especulación y nuestra deuda.

Y ahora se nos aparece tan tierno, brindándole la libertad a una tortuguita boba, una especie de la que no se tiene constancia científica alguna de que haya nidificado jamás en Fuerteventura. La instantánea forma parte de la campaña mediática que impulsa el cabildo majorero para vender su ecologismo de marca registrada. De hecho la tortuga no es una tortuga, es un logo. Pero en otro tiempo fue un huevo depositado en Cabo Verde, al que raptaron los defensores de nuestro medio ambiente. Lo metieron en un helicóptero -junto a otros cientos de huevos raptados- y lo enterraron en la playa de Cofete cuya arena, hasta entonces, había propiciado el nacimiento de burros, cabras y humanos, pero nada de tortugas. La tortuga-logo se ha reproducido a ritmo inverso a las posibilidades de superviviencia de la tortuga real: si uno pone “Tortuga Fuerteventura” en el buscador de internet aparecen más de dos millones de resultados; si el Gobierno de Canarias planta mil huevos en Cofete la posibilidad de que una de las futuras tortugas vuelva a visitarnos es de una entre mil, y eso que a alguna le han instalado un GPS. La ficción supera a la realidad: la tortuga logo, registrada por el Cabildo, vuelve una y otra vez ante nuestros ojos gracias a la inestimable labor de los medios de persuasión de masas, unos medios sumisos y acríticos, salvo cuando se trata de poner a parir a las personas indignadas.

Si uno fuese mal pensado y desconociese el profundo amor que sienten las instituciones canarias por nuestra naturaleza, concluiríamos que los miles de euros invertidos en el Proyecto Tortuga tiene como finalidad apoyar a una especie virtual. Pero no, el experimento supera todos los límites comprensibles: reintroducir una especie que nunca ha estado introducida. Imagínense que las estadísticas (y la ciencia y la razón) fallan y que todas esas tortuguitas vuelven dentro de unos años a las costas de Fuerteventura. Necesitarían de tal espacio vital que se reproduciría la misma fotografía, pero en positivo: esas tortuguitas tocándole el culo al Consejero y mandándolo a mar abierto. Y sin GPS, para que no quede la mínima posibilidad de retorno.

lunes, 16 de mayo de 2011

Manifiesto fotográfico (casi) abstencionista



Si esto fuese un juego de agudeza visual tendríamos fácil adivinar quién no está en su puesto de trabajo. Pero nos equivocaríamos. El señor del jersey que abraza las papeletas electorales como si fuesen sus tesoros también está trabajando. Trabaja para los mercados y para sanearlos tuvo la brillante idea de recortar los servicios sociales de Canarias, una operación a la que los mercados, para que no nos afecte nuestra sensible moral, denominan “reducir el déficit público.” La fotografía también sirve para distinguir la sonrisa natural de los humanos de la de los políticos. De cualquier forma este hombre también se equivocó: fue a por salmón y se encontró con que la ternera lechal está a 21 euros el kilo. Le sale más barato ir a Noruega a pescarlo directamente que hacer un asadero en su chalet, sobre todo porque el viaje a Noruega se lo pagan los mercados por su imprescindible labor. Dando y dando.


Se lo habíamos advertido: aquella sonrisa no era normal. Aquí vemos al político de la carnicería poseído por el espíritu del poder. Imagínense a ese hombre embistiendo de frente hacia uno, mirándote a los ojos, señalándote con los dedos índices de las dos manos y con un cartelito que anuncia que está centrado en ti. Uf, seremos antitaurinos pero se agradece que algún alma de dios le haya clavado una banderilla para amansarlo. Y que nadie nos acuse de bárbaros, este hombre -como los toros o el primer salmón de la temporada- suele quedar indultado.


Volvamos a los mercados. Algún día algún especialista en antropología descubrirá la clave de por qué a la fauna política le da por ir a hacer campaña a esos espacios. A sacarse una foto comprando un kilo de berenjenas el político lo denomina “acercarse al ciudadano”; a preguntar por el precio del pescado le llama “palpar la realidad”. El resto del tiempo, eso sí, los mercados que les interesan son otros, esos que les mantienen ociosos mientras nosotros pagamos sus berenjenas, sus pescados, sus prebendas. Pero lo singular de esta fotografía es el encuentro. Son candidatos de distintos partidos que se han encontrado en el mercadillo de Guía (no hay mercados para tanto candidato). Podría extrañarnos tanta cordialidad entre adversarios o que la hipocresía se ha apoderado de ellos. Pues no. Todos hemos conocido esa sensación de encontrarnos con un paisano en un territorio extraño. De repente nos sentimos protegidos y cariñosos aunque uno sea de Telde y el otro de Tacoronte. Pues a esta gente le pasa lo mismo: qué felicidad encontrarse con los de su  casta entre tanto pueblo y olor a queso de flor.


En esta instantánea tipo verano azul la candidata encabeza el pelotón ciclista en la meta volante de la avenida marítima. Que la llegada está amañada es evidente: la pata del trípode en el ángulo inferior izquierdo presupone que la jefa de filas sabía que iba a ganar. Duro trabajo el del periodismo que obliga a cubrir, un domingo por la mañana, una noticia como esta. A esa hora, ese día, en esa ciudad, cientos de historias merecerían su cobertura periodística pero su empresa recibe dinero del equipo ciclista, para que luego digan que el deporte y las campañas electorales son limpios. La ciudadanía, representada por esos dos señores a los que adelantan y echan del carril, es invisible. Y sin embargo, sin ellos, la jefa de filas no existiría. Con todo, se nos plantea una duda: ¿a dónde va tan temprano la candidata alternativa?


Pues sí, las cabras estaban sin ordeñar y hasta allí fueron también, cómo no, los intrépidos reporteros. La candidata se bajó de la bici, se arremangó y mientras el cabrero se concentraba en la labor ella miraba a la cámara. Qué extraña forma de pedir el voto: el cabrero exprime las mamas y la candidata recoge la leche. Una de dos, o las técnicas de propaganda subliminal son extremadamente sutiles o al equipo de campaña se le fue el baifo. Si esta foto genera algún voto es que la conciencia es incompatible con la democracia. O que la democracia nos ha terminado por domesticar y nos han vuelto dóciles y sorimbas, como cabras.


Esta es la isa canaria,
divertida y chanchullera,
y yo...¿tendré que aguantarla
 hasta el día en que me muera?

Este es un baño de canariedad según marcan los cánones. Ustedes no lo saben pero este acto se celebra en el terrero de Puerto Cabras, una ciudad a la que el franquismo le robó el nombre y sus continuadores no se lo han devuelto. Al fondo asoma, en la penumbra, la bandera con las siete estrellas verdes, otro robo que ha quedado impune. Hubo en tiempo, cuentan las crónicas, en que los bailarines transitaban las veredas que siempre giraban a la izquierda. Después se subieron al poder, reflexionaron, maduraron y se moderaron. Es la historia de la evolución natural de esta subespecie política: nacen utópicos, crecen de la mano de la economía, se pegan como lapas al sillón y bailan cada cuatro años una isa. Lo peor de todo es que también se reproducen. En los criaderos que el poder ha diseñado y a los que han terminado por llamarlos instituciones.


Esta es otra novedosa estrategia electoral, una pegada de carteles en el local del partido. Ya me dirán qué poca confianza en sí mismos cuando tienen que convencer con carteles a su propia militancia. El candidato ya se ha pegado dándose un baño de cola. Debe ser una sensación extraordinaria, cercana al desdoble de personalidad. No digamos de la candidata que tira directamente de los pelos de su otro yo y encima se distorsiona. El ser político no deja de asombrarnos, es capaz de transmutarse en una idea, en un eslogan, en un cartel. Pero, al contrario de lo que le suceden a las etnias que creen que las fotografías les sustraen su espíritu, estos creen que cuanto más mutan y se reproducen mayor será su esperanza de buena vida. Pero no todo está perdido: al candidato le queda una reminiscencia ideológica con la que ni siquiera tanto alter ego repartido por esos muros han podido: es zurdo.


He aquí unos políticos aplaudiéndose a sí mismos. Se infunden ánimos ante la batalla electoral. Una batalla tan dura que su partido se ha tenido que aliar con otro que se dirige desde un centro penitenciario. Los pactos electorales los carga el diablo y los dispara la corrupción. Además el candidato cuenta con un arma secreta: un tren. El negocio del tren en Gran Canaria -propinas aparte- nos costará 1400 millones de euros. Eso puede explicar el tremendo dispendio electoral de un partido sin representación parlamentaria. Son ecológicos y, a lo mejor, parte del presupuesto del trenecito se está reciclando en propaganda electoral. La composición fotográfica no puede ser más explícita: al fondo un cartel vetusto da paso a la nueva Canarias. Una nueva Canarias que mantendrás, lo dice el cartel, con tu sueldo.


Quizás esta propaganda sea la más explícita de cómo se puede perder el tino y dirigir un Archipiélago. Lo mismo es una condición indispensable para presidir el Archipiélago. Ya se habían apropiado de los bailes de magos, habían reinventado las romerías, montaron una televisión que solo emite NODOS del régimen y hasta crearon a Pepe Benavente y nos lo meten por vena. Y ahora van y se hacen de la Unión Deportiva porque, claro, lo primero es lo nuestro. En lo nuestro no se incluyen, claro está, las más de doscientas ochenta mil personas que sobreviven al paro; tampoco las miles que esperan por una intervención quirúrgica, ni las familias que han quedado sin posibilidad de atender a sus familiares dependientes, ni los cientos de criaturas que este curso no han tenido profe. Lo nuestro es agujerear Tindaya, acabar con la costa de Granadilla, exonerar del pago de impuestos a los empresarios que financian nuestras campañas. Dice la propaganda que Zapatero y Rajoy no son de la Unión Deportiva. En su favor tenemos que explicar que Rajoy ha declarado que su futbolista favorito es Valerón (para algunos, lo único sensato que ha dicho este hombre) y a Zapatero le encanta Pedrito. Lo curioso es que los nuevos forofos nacionalistas de la Unión Deportiva llevan año pactando con los Rajoys y los Zapateros y tiempo han tenido para explicarles las virtudes de nuestro fútbol. Y uno, asiduo de la grada curva cuando Germán levantaba la cabeza y hacía pases imposibles, está por plantearse la ruptura con el equipillo. Bastante tengo con ser también simpatizante del Atlético que sobrevivió al doctor Cabeza y a Jesús Gil como para que ahora, en un subidón de canariedad electoral, Paulino termine por aparcar el helicóptero en el área chica del Gran Canaria para meternos un gol en propia puerta.

domingo, 24 de abril de 2011

Milagros y mentiras



A la persona que ocupa un puesto de relevancia política y de gestión de los asuntos públicos difícilmente le podemos pedir explicaciones; suele estar encapsulada, pendiente de su nivel de popularidad, de aumentar su esperanza de vida ociosa a nuestra costa, de echarle engodo a su ego. Pero estamos en la obligación de impedir que nos mienta o, por lo menos, de denunciar la falacia permanente en que ha convertido su actividad pública. ¿Ingenuidad? ...es posible, pero consentirlo sería asumir la humillación. Mi jefa miente como una bellaca. Aun peor, miente como una política profesional. Se llama Milagros y hace honor a su nombre apareciéndosenos todos los santos días. En una de sus últimas apariciones se desparramó, la criatura. Como de sus mentiras no tienen culpa los lectores les evitaremos el trance de su transcripción completa. Nos quedaremos con dos.

“Todas las bajas están siendo sustituidas. Es falso que no se esté sustituyendo al profesorado. Se nombra a sustitutos pasados 15 días”. Mientras la voz chirriante de Milagros Luis Brito lanzaba esta mentira de Gobierno, mi compañero Paco, aquejado de una grave enfermedad, llevaba un mes, tres semanas y un día de baja. En el ínterin su alumnado vagaba por los pasillos buscando quién le hablara de Aristóteles, versión reducida, para no dejar en blanco el examen de filosofía de la PAU. Lo sorprendente, no obstante, no es la mentira sino la estrategia. En Canarias hay más de mil centros educativos, más de veinte mil docentes, alrededor de un millón de escolares...¿cómo mentir sobre un hecho del que la sociedad canaria conoce (y sufre) la verdad? Parece normal que nos engañen con Fukushima, lejana física y mediáticamente, pero atreverse con nuestra educación solo es posible cuando se ha perdido el equilibrio, el sentido de la medida, cuando se violenta la función social de la moralidad.

"Estamos buscando respuestas diversas para racionalizar los recursos públicos y humanos en el ámbito docente. No se trata de ahorrar sino de contener el gasto." Meses antes de que la prepotencia hecha rizos expeliera semejante e incongruente mentira (el ahorro es precisamente no gastar) su Consejería pagó durante tres años el alquiler de un local vacío que debía convertirse en la nueva Oficina Insular de Educación en Fuerteventura. El dueño del local, cómo no, es un incondicional del partido (miembro del Consejo Político) y ganó un concurso público en el que constaba que "que el local ofertado tenía que estar en disposición de ser ocupado en el plazo de un mes desde la formalización del contrato." Cuando ganó el concurso (cuyas bases disponían que la nueva sede tenía que estar en el barrio donde el inmobiliario político lo había construido) el local estaba en bloque pelado por lo que la Consejería de la Mentira invirtió 200.000 euros en arreglarlo y pagó,durante casi tres años, la insignificante cantidad de 3733 euros mensuales. ¡Un total de 323 mil euros por un local vacío propiedad de un miembro de su partido!. Una, desde luego, milagrosa forma de contener el gasto, de racionalizar los recursos públicos.

Aunque la historiografía haya centrado toda su atención en Miguel de Unamuno como deportado a Fuerteventura en 1924, hay que recordar que junto a él fue extrañado Rodrigo Soriano, un diputado republicano que, dicho sea de paso, no soportaba el egocentrismo del que hacía gala el idolatrado filósofo vasco. Durante su destierro, Rodrigo Soriano se entretenía enviándole cartas a su carcelero, el dictador Miguel Primo de Rivera. En ellas le advertía de que estaba buscando el lugar más inhóspito de la isla para que le sirviera de lugar de confinamiento cuando, por fin, la república acabase con su régimen. Desconocemos los lugares majoreros que barajó Rodrigo Soriano para desterrar a Primo de Rivera porque el abogado republicano llegó a la conclusión de que el mayor castigo sería el de confinarlo ¡en una biblioteca!

Los castigos, sostiene un axioma pedagógico- deben ser proporcionales a la falta cometida. Cuando alguien, en calidad de gestor, miente y además es multi - reincidente, toda nuestra energía punitiva debe centrarse en la reeducación: hay que deconstruir al monstruo. Confinar a la Consejera durante algún tiempo en una biblioteca no parece ser la solución. En primer lugar porque una parte de las bibliotecas escolares -gracias a a la racionalización de recursos al estilo Luis Brito- han dejado de serlo para convertirse en aulas (¡la de mi centro ha resistido ahora y siempre a la invasora!); pero, sobre todo, porque las bibliotecas se han llenado, de un tiempo a esta parte, de libros de autoayuda y, como caigan en sus manos, esta mujer se nos puede morir de una sobredosis de estima y tampoco es cuestión.

Pero algo habrá que hacer porque si no, la Consejera, seguirá imbuida en su universo de mentira. Se admiten propuestas. Yo, de momento, le ofrezco un primero de la ESO de ratio escrupulosamente legal, hablado en varios idiomas, repleto de chiquillos desinquietos, con algunos padres y madres que en caso de conflicto los creerán a ellos, con otros padres que a estas alturas no saben dónde queda el instituto, con un nivel de decibelios en el aula que supera los límites del oído humano; en fin, seres pletóricos de vida, actividad y dispuestos a cuestionar -qué pena que esa etapa termine- la autoridad. A las dos semanas hablamos, Milagros, y no te preocupes que si coges una baja (por la falta de costumbre al trabajo) al día siguiente tendrás una sustituta. Palabra de consejera.

domingo, 27 de marzo de 2011

¿Estoy en guerra?



La guerra inexistente.

Qué tiempos aquéllos en que se declaraban las guerras. Un acto protocolario, pero tan bonito. Tenía la virtud de llamar a las cosas por sus nombres y, que sepamos, una guerra es una guerra. No sabemos en qué momento comenzó su desprestigio, ni por qué precisamente sus impulsores se avergüenzan de ella. Hay más lenguaje bélico en un partido de fútbol que en una guerra de las de ahora. En el estadio se atacan por los flancos a las huestes enemigas, los equipos se baten en la contienda, sus defensas son numantinas, el delantero arma su pierna y fusila al portero, el entrenador saca toda su artillería pese a que su equipo juega a ráfagas, el árbitro señala el punto fatídico y desenfunda sus tarjetas; el máximo artillero del equipo tiene la pólvora mojada errando su disparo, un obús que no encontró el marco enemigo; a su equipo le queda el último cartucho, por eso bombean al área donde el ariete tiene el gatillo preparado; se forma una batalla campal, los capitanes intentan poner orden, el árbitro pita el final y las espadas quedan en todo lo alto para el partido de vuelta. Si hemos de atender a los medios de persuasión, asusta más un Elche – Ponferradina que la guerra de Libia.

La no guerra.

Esta guerra no es una guerra, es una intervención. Así, a secas. En las tertulias, donde ahora proliferan los libiólogos, hasta se les ha caído el adjetivo militar. En algún medio hemos escuchado que los bombardeos en Ajdabiya son humanitarios. Normal, los ordena un  Nobel de la Paz y los apoya el autor intelectual de la alianza de las civilizaciones. Obama y Zapatero no hacen la guerra, intervienen con la asepsia del bisturí. La intervención, nos cuentan,  persigue extirpar el mal e implantar una prótesis democrática. La quieran o no: como todavía no son una democracia su opinión no cuenta.

La comunidad.

Parece ser que esta guerra (que no es guerra) la apoya la comunidad internacional. Ni más ni menos, la comunidad internacional. ¿Qué carajo es la comunidad internacional? ¿Se refieren los medios quizás a los gobiernos, sucursales de hecho del poder económico?, ¿no formamos usted y yo parte de esa comunidad internacional?, ¿el pueblo libio forma parte de esa comunidad? Una extraña comunidad internacional esta: en ella cohabitan Arabia Saudí, Israel, China o los Estados Unidos de América. Todos ellos reconocidos por entrar sin permiso en las casas de los vecinos de la comunidad.

Marketing

Los señores de la guerra necesitan un asesor de imagen o algún filólogo más osado. Los nombres de las recientes guerras están bien, pero les falta originalidad. A esta la han denominado Odisea al amanecer. No sabemos si ha cuajado. Intentemos con otros nombres: Probando los nuevos F-22; o No se nos salgan del tiesto; o Alá 1, Jehová 2; o Amanecer, lo que se dice amanecer, no sabremos si amanecerá pero el cielo libio se iluminará que lo fliparán en colores.


Amigos que fuimos

Durante la última década Gadafi fue plantando su jaima por ese occidente democrático. Sus excentricidades eran vistas como curiosidades. Los presidentes lo adulaban  y los periodistas reían sus gracias. En los postres de los banquetes presidenciales firmaba los contratos para comprar el armamento europeo. Ni los gobiernos ni sus periodistas se plantearon, hasta hace un mes, qué ocurría en Libia. Occidente estaba concentrado en su petróleo y Gadafi era nuestro surtidor preferido. Qué bueno era mi dictador.


Caramba…¡qué coincidencia!

Por si teníamos dudas del objetivo democratizador de la intervención sólo basta con mirar quién está al frente de la causa. Nos quedamos tranquilos sabiendo que la apoya y dirige un tal Obama, premio Nobel de la paz. Cuando Obama llegó al poder -joven, preparado, negro y demócrata- hubo quien soñó con el cambio porque, claro, el cambio lo suelen hacer los poderes desde su poder. A Bush le teníamos un coraje que no lo podíamos ni ver. Se lo había ganado a pulso: invadió países, bombardeó civiles, nos decía que quería llevar la democracia a los países de oriente medio y le ponía a sus guerras, que no eran guerras sino intervenciones, nombres ridículos como libertad duradera. Obama, en cambio...


¿Cómplice?

El Estado al que pertenezco, o mejor dicho, el Estado al que me pertenecen, se acaba de meter en una nueva guerra. El Estado se llama España y su presidente llegó al poder, entre otras cosas, gracias a la oposición a la guerra. Son las contradicciones de este mundo de principios de milenio. Obama es premio Nobel de la Paz y Zapatero el impulsor de la alianza de civilizaciones. Hay cariños que matan, paces impuestas con bombas, alianzas petroleras que se refinan en occidente y de vez en cuando destilan cuerpos con extrañas formas de daños colaterales. No sé si el silencio nos hace cómplices. Por si acaso, pido en tiempo y forma, mi baja de la comunidad; una comunidad, una más, de la que me han hecho miembro por la fuerza.




miércoles, 2 de marzo de 2011

Dios los une


He aquí a dos pastores en plena faena. La fotografía despista lo suyo: no hay tierra, no suenan los cencerros, el rebaño está oculto. Lo único que la une con la ganadería es su expresividad bucólica incitada por esos tonos azules propios de un cielo despejado sobre el mancomún majorero. Todo está impoluto, los trajes, el atril, el escenario. Ni una mota de polvo, ni una cagadita caprina, ni ese olor a siglos que desprenden los balidos (y no nos vengan ahora conque las fotos y los balidos no huelen). La composición tiene aires futuristas. Una gran pantalla de fondo, neones, micro inalámbrico, transparencias y reflejos; y esos dos cañones de luz celeste que resultan algo tenebrosos, como el enloquecido HAL de Odisea en el espacio. Solo la descompone la botellita de Fuente Alta, como un reloj en la muñeca de un extra en una película de romanos. Pero, amigo, las tareas del campo secan la garganta y un buche a tiempo se agradece después de hacer una apañada.

Si uno no los conociera podríamos pensar que están en un concurso de la televisión canaria, la nuestra, es decir, la de ellos. El hombre del micro se está atreviendo con una de Pepe Benavente ante la atenta mirada de su mentor que sonríe complaciente infundiendo tranquilidad a la nueva estrella. Y nuestro hombre, como Pepe, pone pasión, gesticula, y se arranca con unos pasitos de verbena al compás de la batería que retumba desde el cielo. Si no los conociéramos.

Pero sabemos que son pastores. El de la izquierda se llama Ángel (no hay más que verlo) y es el pastor principal de la Misión Moderna Cristiana, una iglesia evangélica que ha ampliado sus instalaciones en Fuerteventura. Debe ser un efecto automático de la crisis: cierran las pequeñas empresas y aumentan las grandes superficies. Según reza su currículo fue “ nombrado Pastor porque posee la formación bíblica y teológica adecuada para el desarrollo del ministerio de esta Iglesia.” No aporta los títulos académicos pero, “está contratado por la Iglesia en el régimen de la seguridad social, como Ministro de Culto.” Las cosas claritas.

El de la derecha (que sus biógrafos juran que estuvo hace tiempo en la izquierda) es Presidente del Cabildo de Fuerteventura, de vocación pastoril y como tal, anda mamando de las ubres desde tiempo inmemorial. El pastor titulado le ha ofrecido su rebaño y él, que no suele despreciar un micro, arenga a las almas desde el púlpito del farisaísmo.

Los miembros del rebaño no se ven. Sobran en la fotografía. Solo son votos en pena vagando por el limbo, apresados entre lo espiritual y lo material aunque los pastores hace tiempo que resolvieron -para sí- la disyuntiva.