martes, 20 de octubre de 2015

Disquisiciones masculinistas (con perdón)



Vean ustedes el vídeo. Dura solo un minuto. Verán todas las burradas que se pueden decir en un minuto en el ámbito público. Imagínense en el privado. El que habla, el alcalde condenado por prevaricación, da una lección de semántica sin que nadie se la pidiera. Es más, imparte la osada y magistral clase de lingüística interrumpiendo a la concejal que presenta una moción de condena de la violencia machista.

En ese ambiente el macho de las dunas se encuentra como sanguijuela en la charca. Sabe de lo que habla. Hace años se refirió a la política Cristina Almeida expresando (es un decir) que hubiera optado por el celibato si todas las mujeres hubieran sido como ella. Luego le tocó el turno a Olivia Estévez, que se presentaba a las elecciones municipales en el marquesado del macho, advirtiéndole (es otro decir) que ninguna hembra desfondada le iba a quitar la alcaldía de La Oliva. Y, cuando por fin una mujer, Claudina Morales, accedió a la alcaldía, se despachó con ella por ir al Ayuntamiento con minifalda y pantalones ajustados. Con este currículo (que se sepa) se considera lo suficientemente preparado para explicar a la corporación y al mundo en general el error de una palabra -machista- que, cual cruzado, intenta que desaparezca del vocabulario de la mujer (sic).

En el pleno del vídeo la concejal habla de los asesinatos machistas y el Marqués se da por aludido. Y el hombre, masculinista él, se manda un un soliloquio que no se aclara. No sabe distinguir entre sexo y género como tampoco sabe distinguir entre democracia y lo que él practica. Y ya no sabemos si el cargo le sigue quedando demasiado grande, el diccionario demasiado chico o ambas cosas.

sábado, 10 de octubre de 2015

El hermanamiento

(Tarrafal de Sao Nicolau)


Juan José Cazorla fue alcalde de Antigua entre 1999 y 2007. En 2002 fue detenido como cabecilla de una red empresarial y política que se lucraba cobrándole una tasa monetaria a otros empresarios que intentaban construir o montar sus negocios en El Castillo, la zona turística del municipio. En 2005 fue condenado, por el delito de cohecho, a un año y medio de prisión, seis años de inhabilitación para cargo público y una multa de más de 270 mil euros. El sistema judicial español lo mantuvo en su puesto de alcalde hasta que en 2007 el Tribunal Supremo ratificó la condena.

Juan José Cazorla es gerente, junto al empresario Raúl Souto Sésar, de la empresa constructora Foques 33 S.L. Su actividad -constructora e inmobiliaria- se ha centrado en El Castillo y en Puerto del Rosario. Cuando por fin se ejecuta la condena por cohecho, Juan José Cazorla y Foques 33 S.L. ya habían comenzado su expansión empresarial en el archipiélago de Cabo Verde, especialmente en la isla de Boa Vista donde, según la memoria empresarial de Foques S.L., ejecutan una obra por valor de más de 230 millones de euros.

En 2009 Cazorla , con residencia en Boa Vista, acompaña al alcalde del municipio de Tarrafal (isla de Sao Nicolau, Cabo Verde) a una visita institucional y empresarial a Fuerteventura. Fueron recibidos por el presidente del Cabildo, por la alcaldesa de Antigua y por el alcalde de Puerto del Rosario sin que ofreciesen ningún reparo a que un condenado por cohecho hiciese de acompañante y cicerone. Por entonces el alcalde delincuente se había construido una nueva casa en la localidad de Joao Baptista, en el municipio de Tarrafal de Sao Nicolau.

En el año 2015, cumplida la condena que lo inhabilitaba, Juan José Cazorla gana las elecciones en Antigua y forma grupo de Gobierno con los concejales del PP. De 3.349 personas que votaron, 1.058 optaron por elegir a una persona que siendo alcalde se enriqueció o intentó enriquecerse utilizando su posición política al frente del ayuntamiento. En el primer pleno municipal se subieron los sueldos del alcalde (49.397 euros anuales) y de los concejales del grupo de gobierno (43. 317 euros anuales).

En el pleno municipal del 24 de septiembre, los votos del APA (partido del alcalde) y el PP sirven para aprobar un hermanamiento “con un municipio de un país que acoge numerosos proyectos empresariales, turísticos y hoteleros de Fuerteventura y Antigua. Con este Hermanamiento, Antigua pretende intensificar el intercambio de experiencias culturales como exposiciones, espectáculos de música, teatro, etc, así como iniciativas educativas, deportivas, comerciales, fomentando también la realización de actividades comunes como exposiciones, congresos y encuentros formativos, sectoriales, o de diferentes colectivos sociales(Web del Ayuntamiento de Antigua).

El municipio con el que se ha hermanado Antigua carece de cualquier vínculo histórico, toponímico o sentimental con el municipio majorero. La única vinculación con el municipio hermanado -Tarrafal de Sao Nicolau- es que en él construyó su casa Juan José Cazorla Hernández cuando se fue de Fuerteventura después de ser condenado por exigirle a un empresario que le pagara 45 millones de pesetas para agilizar las licencias municipales. ¿ Se puede tener más poca vergüenza?


lunes, 28 de septiembre de 2015

El Marqués

(Napoleón, el dictador de Rebelión en la Granja)


Algunos periodistas que bucean en el mar de las coletillas afirman que Domingo González Arroyo, el Marqués, es un animal político. Ese animal, cuyo último bufido ha sido el de amenazar de muerte a un concejal, ha sido alimentado por muchos durante mucho tiempo. Gente que se vendía por un camión de picón, por un permiso verbal, por un puestito para el cuñado. Gente orgullosa de que el ejemplar la abrazara por la calle, de que el cacique la recibiera en su despacho entre planes urbanísticos ilegales. Gente que te explicaba que de elegir entre ladrones siempre era preferible quedarse con uno que repartía parte del botín.

El político animal fue engordado por la ignorancia, el conformismo y la colaboración de una parte de esa ilusión llamada pueblo. Otra parte sufría sus excesos, la persecución, el acoso, la proscripción. Como Napoleón, el cerdo dictador de Rebelión en la granja, convirtió su municipio en su cortijo, con su propio código jurídico y social cuyo primer artículo establecía que todas las personas eran iguales, pero las que votaban al macho de las dunas eran mucho más iguales.

La criatura aguantó veinticuatro años en el poder. En 2003 dejó de ser alcalde y sonaron los voladores en La Oliva. Pero los nuevos gobernantes, tras tantos años denunciando públicamente los desmanes del Marqués, fueron incapaces de llevarlo a los tribunales, no encargaron ninguna auditoría para demostrar el uso ilícito del dinero público y continuaron dándole forma legal a tantos planes urbanísticos y a tantos chanchullos heredados. Partidos políticos como el PSOE o CC, con unas agigantadas estructuras administrativas, con enormes recursos monetarios y con amplios y variados asesores jurídicos, miraron para otro lado. Solo los colectivos ecologistas y personas independientes provenientes del ámbito asociativo municipal se mantuvieron, desde el principio, en el empeño de que esa subespecie dañina desapareciera de la escena política. A muchas de esas personas el enfrentamiento con el Marqués les ha significado tener menos salud, menos dinero y más enemigos.

Mientras el PSOE y CC le tendían la mano al animal político en el Cabildo a cambio de silencio, ofreciédole prebendas como la de participar en el Consejo de Administración de ese parque de ocio empresarial llamado Parque Tecnológico, dos personas -Domingo Martínez Berriel y Redvers Brown, en representación del colectivo ecologista Agonane- consiguieron, gracias a su denuncia ante la fiscalía, que el Marqués fuese condenado a nueve años de inhabilitación para cargo público.

Pero ahí sigue, sentado en su sillón de mando y arropado por sus silenciosos vasallos y por el PP, CC y Nueva Canarias, desviando el dinero para la asistencia social hacia las fiestas. Y ahí sigue, bramando exabruptos y amenazando con el cementerio a quien le ose replicar. Y ahí sigue porque, todos los que le han reído sus estúpidas gracias, los que manifiestan que esas son las cosas del Marqués, los enemigos de paja que le han tendido la mano, lo han cebado hasta convertirlo en el político animal que es.

lunes, 21 de septiembre de 2015

La fiesta

Fotografía de Gabriel Fuselli


Aunque parezca mentira hay territorios en Canarias donde toda su ciudadanía vive feliz y contenta, ajena a las crisis, sin preocupaciones derivadas de la caótica realidad social, probablemente fingida, que se vive en otras zonas. Ya sabemos, a estas alturas, que los discursos desde el poder y los medios de persuasión dibujan una realidad alternativa – un Matrix o una Arcadia- como modo de incidir en la población. De esta manera a veces se consigue que algunas personas, que vagan su existencia por los márgenes o en el propio abismo de la exclusión, terminen por creer que ese crecimiento del número de turistas o del producto interior bruto es su felicidad y que lo que es bueno para el telediario también lo es para ellas.

Pero, a pesar de tanta imaginería y de tanto intento por convencernos, la realidad existe y se ve y, lamentablemente, también se sufre. Cuando el colapso del sistema ha aumentado las desigualdades en el Estado y en Canarias hasta niveles inconcebibles e intolerables, la mayoría de las instituciones siguen tomando decisiones como si la falsa ilusión de aquel estado inmobiliario del bienestar siguiera existiendo.

Algunas de esas instituciones llegan a disimular con éxito sus decisiones contrarias a la justicia social y al sentido común. Sobre todo porque no nos enteramos, ya que tal labor es imposible de conocer. ¿Sabe usted, por ejemplo, cuántas personas, al margen de los cargos electos, han encontrado un plácido echadero institucional tras las últimas elecciones? Habría que rastrear, en una insufrible labor de detective, los nombramientos oficiales uno a uno ya que ni el Gobierno de Canarias y ni la mayoría de las instituciones hacen pública la lista de esa cohorte de enchufados que sostenemos con nuestro dinero.

Pero en otras ocasiones los propios procesos administrativos hacen que trasciendan las comedias, los esperpentos, las ofensas. Es el caso del Ayuntamiento de la Oliva, donde la mayoría de la corporación decretó oficialmente a ese municipio como zona libre de pobres, exenta de conflictos familiares o de violencia de género, sin domicilios con dificultades económicas, ajena a cualquier problema que precise la intervención de profesionales del trabajo y la asistencia social.

Eso al menos es lo que se deduce del acuerdo plenario del 31 de agosto donde la mayoría de la corporación aprobó que 55.000 euros, destinados al apoyo técnico a los Servicios Sociales, se derivaran a las fiestas patronales. Para conseguir tal obscena transferencia tuvieron que convocar un pleno y por eso nos enteramos. Las señorías del Partido Progresista Majorero (cinco concejales, con su condenado y campechano alcalde a la cabeza), del Partido Popular (tres concejales) y de Nueva Canarias (dos concejales) votaron a favor de que los voladores y los Pepe Benaventes son más importantes y urgentes que los problemas de la gente más desfavorecida del municipio. Como la mayoría plenaria es de once concejales la modificación presupuestaria salió adelante gracias a la inestimable y vergonzosa colaboración de los cinco concejales de Coalición Canaria. Votaron en contra de este oprobio los tres concejales del PSOE y los tres de Votemos.

Cómo ha debido de ser la cosa que hasta Cáritas, poco dada en realizar críticas directas a las instituciones, les ha afeado su insolidaria e hiriente decisión. En su comunicado Cáritas Parroquial La Oliva – Corralejo aporta datos y una juiciosa crítica: El personal del departamento se reduce a "dos trabajadoras sociales y una psicóloga -no tienen auxiliar de ayuda a domicilio- que están saturados. Conseguir una cita puede hacerse esperar casi dos meses", añadiendo que "los Servicios Sociales se rigen por un modelo meramente asistencialista que no llega a toda la población. Actualmente, la atención a las personas, la prevención y la promoción social no se trabajan adecuadamente debido a los recortes llevados a cabo por este Ayuntamiento". (La Provincia, 21 de septiembre de 2015)

Así que, parias de Canarias, pobres del archipiélago, fijen urgentemente su residencia en La Oliva; sus miserias, sus agobios y sus problemas desaparecerán y si no, por lo menos, se divertirán sabiendo que sus ayudas sociales se han transformado en verbenas y en un cielo iluminado por voladores cargados de infamia.


jueves, 20 de agosto de 2015

Doña Josefa y el caso Majanicho



Doña Josefa Hernández es una señora de más de sesenta años que, si nadie lo remedia, es posible que cuando usted esté leyendo este artículo se encuentre presa en la cárcel de Tahiche. Doña Josefa construyó una casa en un espacio protegido, el Parque Rural de Betancuria. Fue denunciada por las autoridades y condenada a pagar una cantidad de setecientos euros y a demoler la casa. Lo primero lo hizo y lo segundo no. Según las informaciones periodísticas su situación personal y familiar han sido lo suficientemente complejas como para entender que no haya abandonado y demolido la casa en cuestión. Ella asegura que, si le ofrecen una alternativa, accederá diligente a ejecutar la sentencia.

En el año 2000 el Ayuntamiento de La Oliva, cuyo alcalde entonces era Domingo González Arroyo aprueba el Plan Parcial SAU-12 Casas de Majanicho. El colectivo ecologista Agonane lo recurre por no ajustarse al planeamiento territorial. En el año 2002 el Ayuntamiento concede la licencia de ocupación. En julio de 2004, sin esperar a la sentencia por el recurso presentado, el Ayuntamiento de La Oliva y el Cabildo de Fuerteventura (ambos gobernados por CC y PSOE) aprueban un convenio con la empresa infractora NOMBREDO S.L. El único representante de ambas corporaciones que se opuso a esa ilegalidad fue José Luis López, que se había presentando como independiente por la lista de CC al Ayuntamiento de La Oliva. La alcaldesa, Claudina Morales, lo cesó fulminantemente.

En un gesto inédito en la desastrosa vida política majorera, el Cabildo insular llegó a comprar una página en los periódicos La Provincia y Canarias 7 para justificar el convenio y el cese del concejal. Su último párrafo rezaba: Resulta rechazable culaquier otra consideración del acuerdo alcanzado, o versiones no ajustadas a la realidad objetiva y jurídica desplegada tanto por el grupo político Los Verdes de Fuerteventura, como por el concejal don José Luis López, para justificar su indisciplina de voto (…)

La realidad objetiva y jurídica la sentenció en el año 2006 el Tribunal Superior de Justicia de Canarias, dando la razón al grupo ecologista Agonane y anulando la aprobación del Plan Parcial. Las obras, empero, continuaron. En el año 2011 la realidad objetiva y jurídica volvió a imponerse confirmando el Tribunal Supremo la sentencia anterior: el Plan Casas de Majanicho era y es ilegal.

Tras la sentencia se sucedieron numerosas reuniones entre el Cabildo, el Ayuntamiento y la empresa asturiana, con la inestimable colaboración de los geniales asesores jurídicos de la corporación insular. A pesar de la sentencia que anulaba el Plan, el Cabildo encontró una fórmula administrativa para que la empresa acabara las obras y pudiera explotar el establecimiento de decenas de viviendas y más de setecientas camas. A día de hoy, Origo Mare, que así se llama la criatura ilegal, tiene abiertas sus puertas y funciona con el consentimiento de las autoridades majoreras y canarias.

Nadie ha ido a la cárcel. Como tampoco nadie, desde el Cabildo majorero se reunió con doña Josefa para buscarle una solución a su ilegalidad. Ahora, que nacionalistas y socialistas claman desde el Cabildo solidaridad y sensatez a la justicia, no está demás recordar este episodio y recordarle, a doña Josefa, que se apellida Hernández y no Zarceño como el máximo accionista de Nombredo. Esa es la verdadera realidad objetiva: no todos somos iguales ante la ley, ni ante el Cabildo.

martes, 30 de junio de 2015

El abandono institucional de la arqueología majorera



Fuerteventura es la isla del archipiélago canario que conserva el mayor número de yacimientos arqueológicos sin expoliar. Su carta arqueológica recoge más de ochocientos yacimientos donde se constata la presencia de vestigios de la cultura pre-europea. Ello ha sido debido a la escasa densidad de población y a que la presión urbanística ha sido menor que en otras islas. Fuerteventura no superó la cifra de doce mil habitantes hasta bien entrado el siglo XX y los principales centros urbanos y turísticos se han concentrado en lugares muy concretos de su costa sur-oriental. Eso no es óbice para que algunos de los yacimientos arqueológicos hayan desaparecido. Es probable que, tras la conquista, muchos de los pueblos se establecieran en lugares habitados previamente por la sociedad indígena puesto que son los espacios que reúnen las mejores condiciones estratégicas y ecológicas para su desarrollo. Eso transformaría, inevitablemente, asentamientos previos. En otros casos el desconocimiento y la necesidad destruyeron nichos arqueológicos importantes, como sucedió con muchos concheros cuyo material (principalmente conchas de moluscos) se vendían y embarcaban hacia Gran Canaria y Tenerife como suplemento de calcio y oligoelementos para las granjas de gallinas. Algunas infraestructuras modernas también han destrozado o transformado el patrimonio etnográfico o arqueológico majorero. El resultado a veces es patético, como la destrucción del Corral de la Asamblea que forma parte del conjunto arqueológico del Llano del Palo en el municipio de La Oliva y que, como podemos observar en la siguiente fotografía, fue dividido por una carretera del Cabildo majorero. Por último, la acción de personas desaprensivas, ignorantes, expoliadoras a conciencia y buscadoras de tesoros arqueológicos hace que algunos yacimientos hayan sido -y sigan siendo- dañados de forma irreversible como sucede con algunas estaciones de grabados rupestres.



Pero a pesar de las anteriores circunstancias Fuerteventura alberga en su tierra y fondos marinos una significativa cantidad de yacimientos en buen estado de conservación, merecedores la mayoría de estudios, intervenciones arqueológicas sistemáticas, protección y divulgación. Pero la realidad es otra, justo en el sentido contrario. Las competencias sobre el patrimonio histórico canario están establecidas en la ley homónima que otorga a los Cabildos la mayoría de las funciones relacionadas con su protección y divulgación aunque algunas de esas actuaciones deben de estar refrendadas por el Gobierno de Canarias. Y ahí, en el caso majorero, es donde radica el problema: no ha existido ni voluntad política ni interés técnico en actuar, proteger y divulgar el patrimonio arqueológico desde el Cabildo. El resultado es lamentable: a lo largo de la historia las excavaciones arqueológicas en Fuerteventura se cuentan con los dedos de las manos, literalmente.

Curiosamente Fuerteventura fue la primera de las islas en contar con una Carta Arqueológica, recientemente revisada y aumentada. Pero, ¿de qué sirve tal inventario si luego no se protege, se estudia y se divulga? Pues realmente para poco ya que hasta su consulta está tan restringida -bajo el argumento espurio de que de esa forma se evitan los expolios- que se convierte en un documento ineficaz para sus fines.



La falta de planificación del Cabildo en asuntos arqueológicos tiene varias consecuencias. La primera es que la Consejería de Cultura y Patrimonio dedica sus esfuerzos, sus recursos y sus intereses a otros menesteres. De ahí que, por ejemplo, Fuerteventura tenga declaradas veintisiete iglesias y ermitas como Bienes de Interés Cultural de categoría Monumento y solo cinco como Bienes de Interés Cultural categorizados como Zona Arqueológica. Y eso a pesar de las reticencias de la Consejería para declarar y delimitar algún BIC, como el de Tindaya, al que solo accedieron después de una resolución judicial que los obligaba y que derivó en una delimitación que será usada en congresos arqueológicos y patrimoniales de cómo se imponen las directrices políticas sobre los criterios científicos. En otros casos la gestión de las zonas arqueológicas son disparatadas, como el BIC del Poblado de La Atalayita que fue restaurado y en donde se construyó un centro de interpretación. Al estar señalizado, cientos de visitantes acceden a él todos los días (lo que demuestra que el patrimonio cultural indígena despierta interés y que puede ser un excelente complemento para el sector turístico); el problema es que, prácticamente desde su inauguración, el centro de interpretación está cerrado y el poblado sin vigilancia: una invitación al expolio -consciente o inconsciente- para los personas que, día tras día, transitan como almas en pena por allí.

La segunda consecuencia es que las actuaciones sobre el patrimonio arqueológico insular son realizadas por empresas o grupos de expertos ajenos a la institución insular. Eso no debería suponer, a priori, un problema. Pero las políticas del clientelismo están tan arraigadas en esta tierra que los fines de las contrataciones acaban por pervertirse. Algunas de las contrataciones se dotan de financiación escasa para no superar el límite que les obligaría a sacarlas a concurso público. Esto hace que -para poder otorgarla a dedo a los colegas- la intervención arqueológica quede reducida en sus acciones quedando incompleta por falta de más financiación. En otras simplemente no se han emitido los obligatorios informes de final de campaña, es decir, no se han elaborado los documentos con las conclusiones de las intervenciones.



El tercer efecto, quizás el más doliente, es que no existe ningún plan sistemático que trate al patrimonio arqueológico majorero de manera científica. La mayoría de las actuaciones (casi todas prospecciones visuales) son intervenciones de urgencia o impulsadas por la presión urbanística. Si se va a instalar una torreta eléctrica, una canalización de agua o a ampliar una carretera se contrata a alguna empresa para que visite el sitio y sondee el terreno. En otras ocasiones las intervenciones arqueológicas obedecen a criterios ideológicos y a intereses de grupos más que a necesidades reales. De esa forma se otorgan permisos y se dota de financiación (y hasta algunos técnicos del Cabildo se ponen el mono de faena para echar una mano) a los buscadores de tesoros púnico-fenicios-romanos para ver si, de una vez por todas, encuentran nuestras señas de identidad mediterráneas.

De un tiempo a esta parte, la cultura en Fuerteventura ha quedado limitada, desde sus instituciones, a su concepción más comercial, festiva y mediática. Están muy bien los palacios de congresos, los eventos, festivales, conciertos, ferias, espectáculos y visitas de ilustres pero ¿qué pasa con la cultura isleña, en especial con el patrimonio de un pueblo que habitó esta isla durante al menos mil quinientos años?, ¿no merecería que nuestras instituciones le dispensaran al menos el mismo trato? Al fin y al cabo los espectáculos culturales grandilocuentes se repiten, con escasas variantes, por todo el mundo occidental, pero los vestigios arqueológicos de la cultura de los mahos son únicos, irrepetibles y solo se encuentran aquí. Quizás algún político, algún día, se dé cuenta, aunque, si en sesenta años de arqueología isleña apenas se han realizado una decena de excavaciones, cuando se lo vayan a tomar en serio lo mismo no queda patrimonio que defender. A lo mejor esa es la intención.


martes, 23 de junio de 2015

Fuerteventura soy Yo (y lo dejo por escrito)

(Imagen obtenida de Fuerteventuradigital)


En esta fotografía aparecen siete personas, seis se dedican a la política y una es un empresario. Están presentando la edición de un libro: Fuerteventura. La cultura del agua. En el libro han participado -investigando y escribiendo- veinticinco personas. Ninguna de ellas intervino en la presentación. No fue acto cultural, fue un esperpento político. La clase política majorera se supera y supera nuestra capacidad de asombro. Cuando pensábamos que ya habían agotado sus estrategias obscenas, se refundan e inician un nuevo viaje hacia sus ombligos. Cualquier día de estos mandan a sus egos a que ocupen el aforo para aplaudirse a sí mismos. Están muy mal pero no lo saben. Su falta de escrúpulos es directamente proporcional a la vergüenza que sentimos. Un libro sin sus autores, la cultura sin sus interlocutores. Dan pena, necesitan ayuda urgente; o los apadrinamos o esta gente va a acabar mal de la cabeza.

Hubo más, no se crean. El presidente que se va (de cargo en cargo y tira porque le toca) se echó un mitin. Como está gravemente afectado de tindayitis habló, cómo no, de la importancia del agujero de Chillida. El libro va de la cultura del agua, pero como si quiere ir de la floración equinoccial de los nísperos. Chillida lo inoculó de megalomanía y el hombre se ha quedado rebotando en el interior de sus esculturas. Le pueden preguntar por el ascenso de la Unión Deportiva que él contestará que Chillida fue un gran portero.

El disparatado acto tuvo más momentos gloriosos. Aunque no estaba anunciado, se presentaron por sorpresa -y con alevosía- tres libros más. Aunque poco favor hacemos a la cultura denominando libros a esos tres panfletos. Dos de ellos (Fuerteventura. Arte, identidad y patrimonio y Fuerteventura, el valor artístico de la naturaleza) prologados, faltaría más, por Mario Cabrera, son copias literales de trabajos ya publicados y, por lo tanto, prescindibles. En los copyright de ambos aparece la siguiente leyenda: De los textos: José Armas y los autores. Ya puede usted volverse loco buscando que no va a encontrar a los autores legítimos por ningún sitio. Están desaparecidos, como los autores de La cultura del agua en el acto de presentación. Qué mas da. Lo importante es que el acto y los libros se presentaron un día antes de que Mario Cabrera fuese relegado en sus funciones como presidente del Cabildo. De ahí las prisas por editarlos. Y así salieron.

El tercer libro sorpresa es casi un códice, pero de la vanidad. Se titula Cabildo de Fuerteventura, institución centenaria, 1913 – 2013. Pero bien podría titularse Qué bueno es don Mario o Autorretrato de Mario Cabrera con Fuerteventura al fondo. El presidente sale en veinte fotografías. Como se hizo a toda pastilla, para mayor gloria de nuestro hombre, hay fotografías repetidas, desenfocadas, descuadradas. Para que se hagan una idea del contenido basta el título del primer capítulo: 20 años sin subir el precio del agua. Y así, todo. El panfleto es una oda a la miseria intelectual. Daría risa si Mario Cabrera se hubiese pagado la edición de su bolsillo. Pero lo pagamos usted (y todos los ustedes) y yo. Si lo ven en las librerías ni se les ocurra comprarlo: sería pagar dos veces por las memorias de un hombre que cree que la isla es suya.