lunes, 8 de mayo de 2017

Los distinguidos


(Ángel Jové, el Distinguido)



Pocos oficios hay tan privilegiados como el de de ser un empresario turístico en Canarias. El turismo en esta tierra es una actividad económica descontrolada. Es absolutamente imposible saber cuánto capital mueve, cuánto empleo genera, cuánto dinero público recibe, qué parte de la tasa de beneficios se queda en Canarias, qué cantidad de recursos naturales consume.  Solo existen estimaciones que, en su gran mayoría, son vendidas mediáticamente por las patronales turísticas; las mismas patronales que organizan congresos y simposios  (financiados con dinero público) para que el profesorado universitario de Canarias avale con sus informes a la carta las virtudes de la actividad.

Solo dos datos: El empresariado turístico es –junto el constructor- el más beneficiado por ese robo legal que es la RIC, mecanismo por el que se dispensa a los ricos de la sufrida carga de pagar impuestos. Y, por otro lado, esta elite privilegiada cuenta, en cada una de las islas, con un ente público –el Patronato de Turismo- que sirve básicamente para dos cosas: para hacerles las campañas publicitarias a los empresarios turísticos con nuestro dinero y para enchufar a cargos de confianza que se meten la vida soñada tribulando por esos mundos de ferias  y marketing hortera.

Por una sentencia del Tribunal Supremo nos acabamos de enterar que uno de los mayores imperios turísticos españoles, Anjoca, ha sido condenado  a devolver  algo más de cuatro millones de euros a las arcas del Estado. 

La historia es la siguiente: a partir de 2003 la empresa Anjoca Canarias S.L. (cuyo máximo accionista es  Ánjel Jové), construyó tres hoteles de cuatro estrellas, uno de cinco estrellas y un campo de golf en El Castillo, municipio de Antigua (Hoteles Elba). Recordemos que además le permitieron construir playas artificiales delante de sus hoteles destruyendo un importante yacimiento paleontológico. Para que entendamos a qué tipo de empresa nos referimos baste mencionar que su cifra de negocio de 2016 fue de 107 millones de euros.

Para construir esos hoteles y campo de golf, Anjoca recibió una subvención de 15’2 millones de euros  del Estado a través de un instrumento denominado Zona de Promoción Económica de Canarias.  Anjoca Canarias se comprometía a mantener durante dos años 508 puestos de trabajo.  Solo creó 373, de ahí que tenga que devolver la parte proporcional más los intereses de demora.

Que a una empresa que mueve más de cien millones de euros anuales se le conceda una subvención de 15 millones, independientemente de su cumplimiento, explica diáfanamente cómo está diseñado el sistema: el dinero de las clases trabajadoras se destina a aumentar la tasa de beneficios del gran capital.


Ángel Jové fue bendecido en el año 2014 por el Cabildo de Fuerteventura –a través, cómo no, del Patronato- con el premio Playas de Oro en un certamen trasnochado que se denomina Distinguidos del Turismo. Se distinguió, como hemos leído, por haberse mamado cuatro millones de euros de nuestro dinero. Además del dinero que debe de devolver no estaría de más que devolviera un premio inmerecido.

jueves, 23 de febrero de 2017

Mario Chillida, el guanarteme vasco.

(Imagen obtenida de Canarias semanal)

Lo del agujero de Chillida en Tindaya se ha convertido para Mario Cabrera en una obsesión que, vistas sus últimas ocurrencias, empieza a somatizarla. Si en su dilatada carrera política (casi treinta años sin disparar un chícharo) le hubiese puesto la mitad de empeño a los asuntos que benefician a la mayoría del pueblo majorero, Fuerteventura contaría con una calidad de vida que sería envidiada por los países nórdicos. Que obtuviese una licenciatura en Pedagogía por la Universidad de La Laguna fue un puro trámite, más dirigido a convertirse en político profesional que a ejercer una profesión que solo ha visto, de pasada, en los manuales. De vuelta a su tierra se subió a una poltrona que no ha soltado: de 1991 a 2003 fue consejero del Cabildo majorero; de 2003 a 2015 presidente de la misma institución. Como la isla se le quedó chica, en la actualidad (desde 2015) amplía sus doctos quehaceres ejerciendo como diputado autonómico en Tenerife.

Al bueno de Mario le pasó con Tindaya lo que a Chillida. El artista quiso trascender y quedarse perpetuado eternamente superando a la propia naturaleza. Y Mario Cabrera ha soñado, desde que el artista vasco apareció por estos tableros, con que a él se le recuerde como el supremo valedor de una obra que -son sus palabras- “coloque a Fuerteventura en el mapa”. Ya nos habíamos acostumbrado a que Mario Cabrera, como buen político profesional, mintiera una y otra vez con el asunto de Tindaya. Su mentira más común -que ha vuelto a repetir hace unos días- es que los defensores de Tindaya no hicieron nada contra las canteras antes de la llegada de Chillida. Mario piensa que repetir esa mentira terminará por convertirla en verdad. Pero como las hemerotecas existen, dejamos aquí un par de noticias (de antes de que el gran genio nos visitara) a ver si hay suerte y el hombre deja de repetirse tanto como el mojo subido de ajo.

(Diario de Las Palmas. Junio 1984. 10 años antes de la llegada de Chillida)

(La Provincia. Mayo de 1992)


El magnífico proyecto de Mario Chillida o de Eduardo Cabrera es, ya lo saben ustedes, la obra de arte más cara del planeta: sin moverse una piedra le ha costado a este pueblo, tan canario, 30 millones de euros. Si nuestro hombre le hubiese dirigido su obsesión a otros asuntos y su partido hubiera destinado el dinero a otros menesteres Fuerteventura no llevaría 30 años esperando por un nuevo hospital, ni las personas con tratamientos oncológicos tendrían que estar manifestándose, una vez sí y otra también, demandando justicia para su salud; si su obsesión se hubiese centrado hacia sectores tan triviales como el educativo nuestros centros escolares competirían con Harvard; si hubiese prestado la mitad de atención que le ha dedicado al agujero de Chillida al deporte y a la juventud de esta isla hoy no estarían cerradas todas las instalaciones deportivas cubiertas de la capital majorera; con una ínfima parte del dinero malgastado en este proyecto especulativo y disparatado, los servicios sociales de las instituciones estarían dando la cobertura indispensable que hoy se le niega a las personas más desfavorecidas. La lista de prioridades es tan grande que la obsesión (y el consecuente despilfarro) se ha convertido en una impúdica obscenidad.

Si uno repasa el legado de sus 27 años en la política profesional solo nos queda reconocer que su único éxito ha sido un Palacio de Congresos, un adefesio urbanístico arquitectónicamente horroroso, con escasa funcionalidad. Eso sí, el mamotreto (como es conocido popularmente el edificio) cuenta por orden expresa de don Mario Cabrera con un espacio denominado, como no podría ser de otra manera, Sala Chillida. Y uno, ante tanta machangada, ya no sabe si reír o llorar.

Esta semana el grupo parlamentario de Podemos presentó una Proposición No de Ley instando a que el Parlamento canario avalara la propuesta de que la montaña de Tindaya pudiera ser declarada como Patrimonio de la Humanaidad por la UNESCO. La moción la defendió Natividad Arnaiz a la sazón diputada autonómica por Fuerteventura y que, miren ustedes qué cosa más extraña, pertenece a ese grupo demográfico formado por el 60% de residentes de esta isla que han nacido más allá de sus costas. Y entonces, Mario Chillida volvió, una vez más, a mear fuera del tiesto.

Como las obsesiones son incontrolables (sobre todo si uno no asume que las tiene) al hombre se lo llevaron los demonios y, en un documento que ha quedado por escrito (y quedará en los anales de los disparates políticos) se empeñó en presentar una enmienda en la que solicitaba que la montaña fuese declarada Patrimonio de la Humanidad solo si incluía el proyecto de Chillida. Menos mal que alguien con algunas luces le dijo al guanarteme de La Matilla que retirara semejante babiecada, que en la UNESCO se podrían partir la caja si les hubiese llegado una propuesta para declarar como Patrimonio de la Humanidad un proyecto para agujerear una montaña de un artista fallecido.

La defensa de Natividad Arnaiz fue lúcida y serena. Argumentó con detalle las razones por las que la montaña de Tindaya debía ser asumida como un espacio de digno reconocimiento por la UNESCO y señaló los beneficios, que cualquier humano con dos dedos de frente puede deducir, de incorporar a Fuerteventura, a través de Tindaya, en los patrimonios más reconocidos mundialmente. Pero la diputada cometió un error: defendió la propuesta (que es la de sus votantes y de muchas personas que no lo son) con acento de Burgos.

Y claro, don Mario, el genuino maho, el heredero de nuestros ancestros, el espécimen puro que atesora nuestra clave genética, el hombre que se convierte en canario en los bailes de taifa, el nexo que une a los Chillida con Tiscamanita (de donde deben, seguramente, proceder), se cogió un rebote que, junto con tantos años de poder y de obsesión, transformaron a la criatura en un histérico xenófobo que nos avergonzaría si no fuese porque solo se representa a sí mismo.

No es la primera vez que Mario Cabrera utiliza la xenofobia como argumento. Hace unos años más de doscientas personas, casi todas vinculadas a las dos universidades canarias, firmaron un manifiesto pidiendo respeto para Tindaya. Cuando se le preguntó, el entonces presidente del Cabildo contestó que poco le importaba porque era la opinión de gente de afuera. Solo nos queda el consuelo de que todo hubiese sido muchísimo peor si este hombre, en vez de vivir de los demás sin oficio, se hubiese dedicado a ejercer su profesión. Pocas cosas se nos pueden ocurrir peores que un pedagogo que odie al que venga de afuera (y no se apellide Chillida).

jueves, 29 de diciembre de 2016

Cuando al arte se le va el baifo






Esto que usted ve en la fotografía no es lo que usted cree. A lo mejor piensa que es un observatorio hawaiano, o un garaje interestelar, o que a alguien se le rompió un molinillo de café de los de antes. Si usted tiene esas visiones es porque no tiene maldita sensibilidad artística.

Esa insensibilidad se le quitaría si usted fuese político. Entonces comprendería que esa obra, que van a instalar en el Parque Natural de Jandía, es: Un complemento para el sol y la playa; un referente turístico de primer orden; un actractivo importantísimo; una singularidad arquitectónica, artística, escultórica, turística y ambiental; una obra que pretende auspiciar un enclave propicio para el enaltecimiento de la canariedad.

Si usted no se dedica a la política profesional, no podrá ver todo eso porque no tiene acceso al restringido mercado de las modernas drogas visionarias. Las pastillas son administradas cuando alguien lleva un par de legislaturas con poltrona. Parece ser que entonces ya su cuerpo y su mente se han adaptado y soportan cualquier exceso. Y, como ya está preparado, empieza a ver beneficios invisibles, se flipa con la modernidad, los macroproyectos le excitan y pega usted a decir tonterías.

También puede ser que usted no necesite esas drogas porque ya nació con ese punto ultrasensorial que lo capacita para flipar impunemente y que encima tenga grupos de adeptos que le rían las gracias. Le pasó a Chillida con Tindaya y ahora le pasa a Pepe Dámaso con el Mirador de Los Canarios.

Eso que ven en la fotografía es una gran caracola. Por dentro tendrá restaurantes, sala de exposiciones, paneles interpretativos de la naturaleza y tiendas. En fin, otro centro de consumo. Cuesta (de salida) dos millones y medio de euros. Pero no se preocupe porque es dinero público y a usted no le costará nada.

La caracola la construirán en un espacio protegido, lindando con yacimientos arqueológicos, en un lugar en el que usted ahora puede ir y verá gratis la belleza de Cofete. Por favor, no lo haga. Espere a que el genio nos inspire con su especial percepción y le cobre. Ni punto de comparación.

A Pepe Dámaso lo subieron unos políticos hace unos años al mirador y encontró allí arriba una caracola. Uno de esos políticos, Blas Acosta, ya quiso hace unos años construir un aeropuerto en el sur de la isla. Pero, a pesar de tener el título de piloto, no le salió bien la jugada. Todavía era un simple concejal de Pájara y sus visiones eran leves, casi transitorias. Ahora el hombre está crecido y ya ve sobres volando, turistas que se multiplican hasta el infinito, hoteles y hamacas que le hablan al oído.

Si usted hubiese subido sin compañía política y sin sensibilidad artística a ese mirador y hubiese encontrado la caracola, mucho nos tememos que no le hubiese sacado partido. Lo mismo la acariciaba, le intentaba sacar sonido, le pegaba la oreja para escuchar el mar escondido o se hubiese preguntado qué carajo hacía una caracola en aquella degollada. Pero la encontró un artista y al lado tenía a un político. En el fondo debemos estar agradecidos porque no se encontró una colilla, ni una lata de mirinda, ni un condón usado. ¿Se lo imaginan?


viernes, 23 de diciembre de 2016

¿Cómo lo hemos permitido?



Aquí tenemos al bueno de César Manrique denunciando, imaginamos que con su vehemencia habitual, un atentado al paisaje de Lanzarote. Cuando poca gente percibía lo que se avecinaba César señalaba, indignado, los desastres medioambientales. La foto tiene una purriada de años; más de cuarenta. Parece que el dedo del artista apuntaba a unas torres de alta tensión, aunque realmente apuntaba a una clase política rendida a los pies de sus amos. Pero sus ojos nos miran a nosotros. Mano y ojos van en diferente dirección y, sin embargo, preguntan lo mismo: ¿Cómo permitimos que esto ocurra?

Varias décadas después los mismos actores políticos cometen el mismo atentado al paisaje de Fuerteventura. Red Eléctrica de España está destrozando la isla en toda su extensión. Hace cinco años este blog denunciaba la salvajada que se iba a cometer (Fuerteventura: Reserva de Red Eléctrica); hace ocho meses insistíamos (Fuerteventura...¿Te queremos bonita?). Durante ese prolongado tiempo un grupo reducido de personas ha hecho todo lo humanamente posible por impedir el atentado. Como sospechábamos desde el principio, la mafia de Red Eléctrica Española había encontrado estrecha colaboración en el Cabildo de Fuerteventura y en el Gobierno de Canarias. El Cabildo se quejó con la boca chica y no se opuso con la firmeza que se precisaba para defender a Fuerteventura; el Gobierno declaró de interés general para Canarias la instalación de más de 300 torretas de 50 metros de altura en esta isla.



Esta es la cruda realidad. Es posible que en las últimas semanas a usted le hayan llegado noticias de las quejas del Cabildo de Fuerteventura ante esta barbaridad. Es solo un reflejo demagógico de última hora ante la evidencia constatable de la instalación de las torretas: donde usted antes admiraba belleza ahora observa vergüenza de 132 kilovoltios. Así que han activado a su gabinete de prensa para difundir la mentira de su oposición a un proyecto aprobado por CC y el PSOE. Y es posible que todavía haya algún incauto que los crea, o algún estómago agradecido deudor, o algún totorota que sigue creyendo que los ecologistas esos están siempre en contra del progreso. Pero ahora, que hemos pasado del dibujo futurista a la dura realidad, es muy difícil que cualquier persona con dos dedos de frente los crea. Si usted lo hace, sea bienvenido al mundo de los singuangos.



Desde la Luz de Mafasca, Fuerteventura no había sido sobrecogida por un misterio similar: nadie quería las trescientas torretas pero, de repente, van brotando, en una lucha desigual, contra el horizonte majorero. Y todos los indicios apuntan a que la culpa es de Gran Canaria o de Tenerife, ya saben, esas perversas islas cuyo único objetivo de su existencia es joder a las demás. No se rían. Ese es el argumento que acabamos de leer en el último (y lamentable) artículo escrito por el anterior presidente del Cabildo, Mario Cabrera o, en su defecto, por su fiel escudero. En el artículo, titulado Canarias desmontable, Mario Cabrera escribe lo siguiente: ¿Saben ustedes que Red Eléctrica está sembrando Fuerteventura de grandes torres eléctricas en contra de la opinión de todas las instituciones majoreras? ¿En Gran Canaria sí se asume la decisión de las instituciones sobre la regasificadora, pero los majoreros tenemos que convivir con las grandes eléctricas campando a sus anchas por tableros y gavias?”

Hay que tener los amperios muy grandes y bien puestos para escribir semejante y bochornoso infundio. Este hombre o piensa que todos somos tontos o es un inepto.Tampoco debemos descartar ambas ideas: que a su ineptitud se le sume la creencia (tras tantos años de halagos ejercidos por sus rastreras camarillas) de que puede insultar impunemente a la inteligencia colectiva. Porque, a ver si nos entendemos: un alcalde de un pequeño municipio (ahora presidente del Cabildo de Gran Canaria), perteneciente a un pequeño partido municipal, se planta ante el Gobierno de Canarias y logra que en su municipio no se instale una regasificadora; en cambio Mario Cabrera (que según él se oponía a la instalación del nuevo tendido), siendo presidente del Cabildo durante dos legislaturas y perteneciendo al mismo partido que gobierna Canarias desde hace lustros no logra paralizar un proyecto innecesario y nefasto para Fuerteventura. A eso, en mi pueblo, se le llama ser un machango, un flojo, un vendido; en fin, lo que viene siendo un inepto en su acepción más precisa.



El caso es que, lloradas insularistas y complejos de inferioridad aparte, las trescientas torretas, con su precioso cableado, ya está aquí. Como denunciamos en los anteriores artículos esto se lo debemos a los amos (el poder económico) y a sus lacayos (el poder político). Pero antes de que se instalaran las torres una parte importante de la ciudadanía podía mirar hacia otro lado; ahora es imposible porque, mires donde mires, verás el imponente exceso de esa basura metálica. Y lo más doloroso es, quizás, que la pregunta de César Manrique sigue vigente y sin respuesta cuarenta años después: ¿Cómo hemos permitido que esto ocurra?

domingo, 18 de diciembre de 2016

Enchufes de luxe en el Cabildo de Fuerteventura

(Berriel y su dedo amenazante. Imagen obtenida de diario.es)

A continuación subimos a este blog el artículo de Andrés Briansó (Consejero de Podemos en la oposición del Cabildo de Fuerteventura) sobre la maniobra orquestada para enchufar, con el más alto rango y salario, a tres personajes con dudosa ética y mínimos escrúpulos.

Los tres mosqueteros, como los designa Briansó, son: Domingo Berriel Martínez, cuyo abundante currículo de actuaciones en contra del bien común ya ha sido tratado en este blog; Eduardo Pereira, gerente (por designación política) del Parque Tecnológico, ex director del aeropuerto y segundo sueldo más elevado del Cabildo; y Manuel Hernández Cerezo, un enchufado del PSOE al que se le creó una plaza a medida para que pueda ejercer como interventor accidental del Consorcio de Aguas.
Esta es la historia del penúltimo intento de reírse en la cara de la ciudadanía y, encima, pagarlo con nuestro dinero.


Enchufes de luxe en el Cabildo de Fuerteventura.

La redacción del Reglamento orgánico del Cabildo de Fuerteventura, cuya aprobación inicial fue acordada en el pleno del pasado 9 de mayo con el apoyo de los grupos de Gobierno, Nueva Canarias y el PP Majorero, es uno de los amaños más vergonzosos que ha padecido esta institución insular en los últimos años. Básicamente se han hecho un traje a medida, decidiendo un cambio normativo que posibilita crear puestos de trabajo diseñados para ellos. Ellos han sido los sastres, pero la tela la pagamos entre todas.
 Nada es lo que parece y nada es casualidad. Esta es la sucesión de hechos: el primer borrador de reglamento orgánico le fue encomendado al secretario general de la Corporación insular, que lo redactó en comunicación con los demás secretarios de los cabildos insulares. Sin embargo, ese borrador fue desechado por el presidente, sin que hasta la fecha nos hayan explicado los motivos.
Posteriormente, se crea una comisión (no consta nombramiento), a la que se le encomienda la redacción de un nuevo borrador de reglamento orgánico, integrada por: Domingo Berriel, actual gerente del Consorcio de Abastecimientos de Aguas; Eduardo Pereira González, actual gerente de la sociedad Parque Tecnológico de Fuerteventura, S.A. y Manuel Hernández Cerezo, interventor accidental del Consorcio de abastecimiento de aguas.
Surgen demasiadas preguntas, desde qué experiencia y conocimiento tienen estas personas en materia de Administración Local para acometer la redacción de un reglamento orgánico a cuál es el título jurídico –la cobertura legal- que las vincula con el Cabildo y les permite redactar el documento. Por ejemplo: ¿Berriel y Hernández fueron autorizados por el Consorcio de Aguas para destinar parte de su jornada laboral a este cometido?  ó ¿la sociedad del Parque tecnológico autorizó a Pereira?
Hay que tener en cuenta que Cabildo, Consorcio y Parque Tecnológico son personas jurídicas independientes, de modo que no es admisible que el personal de estos entes trabaje indistintamente para cualquiera de ellos aunque el Cabildo sea “el padre y la madre” de los otros dos.
Es posible que digan que el trabajo lo hicieron en su tiempo libre, por las tardes. Sin embargo, eso podría suponer el ejercicio de una actividad mercantil o profesional para la que se requiere disponer de la compatibilidad necesaria y no nos consta que el Consorcio y el Parque Tecnológico la hayan concedido.
Parece claro que el papel de Manuel Hernández en esta comisión es meramente simbólico; se limita a ser la persona de confianza de Blas Acosta, participando los otros dos miembros de forma más activa, desconocemos si han recibido emolumentos por esta labor, pero lo que sí es seguro es que el gran beneficio se ha traducido en forma de sillón en el propio Cabildo.
Veamos un poco la trayectoria de los candidatos al enchufe de luxe hasta llegar a este punto.
Una vez que Domingo Berriel cesó como consejero del gobierno de Canarias volvió a ocupar su antiguo puesto de gerente del Consorcio. Sin embargo, su vuelta no se produjo en las mismas condiciones que cuando lo dejó: se le incrementaron considerablemente sus retribuciones (tema bajo investigación por la propia Dirección Insular del Gobierno) y, además, no tiene su oficina en la sede del Consorcio sino en la sede del Parque tecnológico supuestamente realizando un trabajo de planificación insular.
En cuanto a Eduardo Pereira su gestión como gerente del Parque Tecnológico parece que se ha limitado a dirigir los contratos de las obras de urbanización del parque tecnológico y de construcción del edificio que alberga la sede del mismo. No obstante, contó para esa labor con una empresa especializada en asistencia técnica en esa materia por lo que su gestión fue bastante limitada. El problema de Pereira es que debe resolver su excedencia en Aena. Su vuelta a Aena significaría dejar la isla y debido a su integración en la misma esto sería un problema.
Respecto a Manuel Hernández Cerezo, no se le conoce trabajo lejos de polémicos nombramientos a dedo, como personal de confianza en el propio Cabildo, o como interventor accidental del Consorcio de abastecimiento de aguas en una plaza sorprendentemente modificada a su medida exigiendo licenciatura en Derecho en contra de la habitual y más coherente en Económicas.
Por otro lado, tenemos al presidente del Cabildo y su consejero de economía que tienen dificultades para gestionar la corporación insular; les resulta muy grande en comparación con el ayuntamiento de Puerto. Carecen de habilidades sociales para relacionarse con los empleados del Cabildo, no tienen empatía y, además, no confían en la gestión de las unidades administrativas de la corporación insular. En resumen, que no hay “feeling” y necesitan recurrir a personas ajenas a la corporación para que le ayuden a resolver sus problemas de gestión.
Es aquí donde entran en juego D. Domingo y D. Eduardo. Ellos asumen la redacción del reglamento orgánico pero a cambio de resolver su situación personal. Para lograr ese objetivo introducen disposiciones en el reglamento que van a facilitar su encaje en la estructura administrativa del Cabildo como funcionarios de carrera. 
Una primera opción era designar a estas tres personas directores insulares. Opción que contempla tanto el vigente reglamento orgánico como el futuro reglamento. Sin embargo, tal opción no prosperó. Desconocemos las razones.
La nueva propuesta es, si cabe, más atractiva para estos interesados. No ocuparán un cargo de designación política, lo cual da un elevado grado de provisionalidad a su desempeño; entran como funcionarios y ese riesgo desaparece. El único riesgo es que una nueva corporación los cese en su puesto pero seguirán siendo funcionarios del Cabildo.
La cuestión, por tanto, es como dar forma, a su entrada en el Cabildo. No pueden entrar para ocupar cualquier puesto y tener el mismo nivel o, incluso inferior al de otros empleados. Ellos no vienen para recibir órdenes sino para darlas. No vienen a trabajar sino para que otros trabajen para ellos.
Por lo tanto, el primer paso es cambiar, vía reglamento orgánico, la estructura de la RPT (relación de puestos de trabajo del Cabildo);  el siguiente paso es modificar las condiciones de acceso a los puestos de jefatura de las diferentes unidades (sean servicios o secciones). El reglamento establece en su artículo 64 que se realizará por concurso y podrán participar, aquí está la clave, funcionarios de otras Administraciones. Con ello se consigue abrir la puerta para que entren los tres mosqueteros. Entran por la vía del concurso sin necesidad de realizar oposición alguna.
Además, introducen otras medidas que son especialmente gravosas y discriminatorias para los empleados de esta corporación: no podrán acceder a las jefaturas los titulados A2. Una medida clasista y de muy difícil justificación.
Aunque esas personas aún no forman parte de la estructura administrativa del Cabildo ya actúan como si lo fueran. Se les han hecho algunos encargos ya, y ellos mismos han realizado llamadas a empleados del Cabildo recabando información lo que está generando gran desconcierto pues se trata de una situación completamente anormal y que se aparta del funcionamiento riguroso que debe seguir la Administración Pública.
No es la primera vez que en el Cabildo de Fuerteventura quien redacta la norma diseña un puesto a su propia medida, pero esta vez al menos los majoreros tienen a tres infiltrados de  morado que denuncian e intentarán impedir esta felonía.

sábado, 22 de octubre de 2016

La libertad de expresión, según el PP


Enorme ha sido la solidaridad mostrada desde el poder a Felipe González y al presidente del grupo PRISA, Juan Luis Cebrián, ante el boicot que sufrieron en la Universidad Autónoma de Madrid. Enternecen especialmente las muestras de condolencias manifestadas por el Partido Popular. La libertad de expresión, dicen, es un derecho democrático insoslayable que no debe ser puesto en duda, la palabra no puede ser cercenada, el debate nunca puede negarse. Y se los oye citar al pobre Voltaire, que no dijo la mitad de las citas que se le atribuyen, incluida esta: Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo. Pero queda bien citarlo porque la frase es contundente, casi incuestionable y además Voltaire era francés, ilustrado y murió hace tantos años que no puede defenderse siquiera de que lo cite el PP.

Pero a pesar de que el PP sufra ocasionalmente estos impulsos democráticos, el subconsciente les vuelve a poner los pies, inmóviles y unidireccionales, en la tierra donde la libertad de expresión tiene límites. Y los límites los ponen ellos. Y el PP de Fuerteventura, ilustrado sea, ha puesto el grito en el cielo porque el Cabildo insular patrocina una charla de Juan Manuel Olarieta Alberdi, un abogado que viene a hablar, qué cosas, sobre el marxismo en la actualidad. Se apresuraron a buscar en las redes (o se lo hicieron llegar desde los servicios policiales con los que están tan conectados) el currículo delictivo del conferenciante.

Pero antes aclaremos que el patrocinio del Cabildo se limita a la edición de unas decenas de carteles anunciadores de la conferencia. Los gastos del traslado, manutención y alojamiento los financia la Asociación Acción Social Obrera conformada por un grupo de entusiastas que han contribuido a que en Fuerteventura podamos escuchar a una amplia y diversa representación de voces críticas de Canarias y allende mares.

Del sesgado currículo que el PP ha incluido en su quejumbrosa nota de prensa para censurar que el Cabildo contribuya con tamaño dispendio a que Olarieta pueda estar en Fuerteventura se advierten dos enormes pecados: Olarieta ha sido detenido varias veces y ha sido abogado defensor habitual en varios procesos que afectaban a miembros de los Grapo. Desconocía que tales circunstancias te inhabilitaran para ejercer como conferenciante, sobre todo, miren ustedes las ideas que uno tiene, porque uno ha terminado por creerse que todas las personas tienen derecho a la tutela judicial efectiva, seas de los Grapo o te llames José Manuel Soria, Luis Bárcenas o Águeda Montelongo.

Precisamente tal derecho es al que se acogió la presidenta del PP de Fuerteventura para defenderse en el denominado caso patronato en el que, recordemos, los residentes de esta isla le pagamos las vacaciones a varios cargos del PP nacional a través de facturas falsas coladas por el Patronato de Turismo. No tuvo a bien entonces el PP majorero criticar que el Cabildo sufragara con nuestro dinero las cuchipandas de altos cargos de su partido. Pero Olarieta viene a hablar sobre el marxismo y no de fiesta y, por lo tanto, a la mierda la libertad de expresión. Y por cierto, en el comunicado del PP censurando que el Cabildo patrocine la charla, se les olvidó mencionar que las detenciones sufridas por Olarieta no han conllevado ninguna condena judicial. Un pequeño detalle sin importancia.

No comparto algunas de las tesis de lo (poco) que he leído de Olarieta. Y mi postureo intelectual no llega al grado de citar la no cita de Voltaire, básicamente porque, como buen cobarde, nunca defenderé hasta la muerte ni ideas, ni banderas, ni patrias. Pero hay que ser extremadamente cínico e hipócrita para defender la libertad de expresión del Señor X y del presidente de un grupo mediático que elogia los golpes de Estado en Latinomérica, y negársela a alguien que ha decidido caminar con sus ideas por los incómodos bordes del sistema.

jueves, 28 de julio de 2016

¡Quememos El Jueves!


Unamuno escribió: Enjalbegada tumba es Betancuria. Eso es una metáfora. Betancuria no es una tumba, es un pueblo. En Betancuria viven personas y a las que mueren las entierran en el cementerio. Pero, ya ven, la literatura utiliza trucos lingüísticos para expresarse.

La Luz de Mafasca es una leyenda, contada y escuchada de mil formas diferentes a lo largo de la historia. Una versión asegura que a quien no creyera en ella u osase burlarse de su existencia le sobrevendrán grandes males, incluso la muerte. Desconozco si mi cólico nefrítico tiene que ver con mi descreimiento pero sigo pensando que es una leyenda. Y una leyenda no es la realidad.

Los carnavales son unas fiestas especiales en Canarias, también en Fuerteventura. La esencia de esa fiesta es el humor. A las murgas se les permite cualquier exceso verbal. En algunas ocasiones las críticas alcanzan, gracias al sarcasmo, un nivel mordaz para caricaturizar determinadas situaciones de lo cotidiano. En otras ocasiones los insultos son poco velados. A lo mejor van dirigidos al alcalde o a los concejales que asisten dignamente a los concursos de murgas en primera fila. Y ahí aguantan el aluvión de críticas, como campeones, con sus sonrisas artificiales, porque los murgueros son votantes, el público es votante y porque es carnaval.

El Jueves es una revista de humor. No es el National Geographic. Es una revista de humor que utiliza la caricatura y la sátira para expresarse. Puede que sus ocurrencias le hagan reír o no pero cualquier persona con dos dedos de frente sabe que no trata de describir la realidad sino que la ironiza e hiperboliza.

En un número reciente El Jueves caricaturizó en una de sus páginas algunos aspectos del presente de Fuerteventura, más bien del norte de la isla. Y se entiende perfectamente que haya gente que no le encuentre el humor incluso que consideren que maldita la gracia. De la misma manera que hay gente que se troncha con En Clave de Ja, un vodevil canario pagado con dinero público, a otras personas les causa vergüenza y hasta tristeza.

Pero que el Cabildo de Fuerteventura, a través de algunos de sus representantes, haya elevado una protesta institucional por la página de El Jueves convierte a esa institución en una caricatura de sí misma, en un organismo censurador que hace el ridículo enviando su indignación a la prensa.

Fíjense ustedes que a algunas personas -raritas que somos- lo que nos indigna es la realidad y no la ficción. Esperando estamos que el Cabildo emita un comunicado rotundo porque en Fuerteventura más de un 30% de la población está desempleada; porque el hospital lleva quince años en obras, porque la directora de enfermería (¡y 23 supervisores!) presentaron la dimisión por las injerencias políticas en su labor y porque nos hemos quedado sin servicio de oncología por la dimisión de su único especialista; porque todavía núcleos urbanos y turísticos como El Castillo, con casi 6000 habitantes, siguen sin tener un colegio; porque en cientos de hogares de Fuerteventura no entra un euro; o porque más de 30 millones de metros cuadrados de esta isla (la Isla tranquila dicen los eslóganes propagandísticos) están destinados al entrenamiento de jóvenes para ir a las guerras.

Miren que hay asuntos por los que indignarse. Pero son demasiado reales como para que el nivel intelectual de los firmantes del manifiesto de desagravio a El Jueves los entiendan. Solo esperamos de ellos que no terminen por impugnar las metáforas, a las murgas o la Luz de Mafasca por la mala fama que nos dan. Que aquí, por si no lo saben, todo está perfecto.

Nota dirigida a los censores del Cabildo (por si acaso): Superman no existe, Batman y Spiderman tampoco, y lo de los Reyes Magos hay quien lo cuestiona.