Fotografía de Juan Santana
La reciente declaración de Risco Caído, en las cumbres de Gran
Canaria, como Patrimonio de la Humanidad, ha generado una resonancia
mediática innegable. Televisiones, prensa y radios informaron de la
declaración, las redes sociales rebotaron el éxito de la iniciativa
con gran júbilo de la población de Canarias. Ha sido una noticia
que ha concitado alegría casi unánime, algo extraño
-y casi insólito- en un universo virtual tan
dado a destapar nuestras miserias personales.
Nos
unimos, sinceramente, a las felicitaciones. Risco Caído (en
realidad una de sus cuevas) ha sido la abanderada de una zona,
denominada Montañas Sagradas en su declaración, que abarca una
enorme superficie de las cumbres de Gran Canaria. Su declaración
como Patrimonio de la Humanidad incluye un total de 18.000 hectáreas,
en un impresionante territorio que cuenta con centenas de yacimientos
arqueológicos y que son imprescindibles para conocer el mundo de un
pueblo que convirtió la isla en su país durante al menos 1500 años.
La
declaración de la UNESCO es fruto de una tarea compleja que ha
permitido conciliar, cosa también insólita por estos lares, el
trabajo profesional y científico con la voluntad política de las
instituciones canarias. Las consecuencias están por llegar, pero es
obvio que el patrimonio canario -arqueológico,
natural y etnográfico- ha salido reforzado y
que, posiblemente, su protección, estudio y divulgación adquieran
ahora una mejor y más intensa mirada institucional. Julio Cuenca,
uno de sus (re)descubridores e impulsor para obtener la categoría
ahora otorgada, sostiene que este reconocimiento es importante para
nuestra autoestima como pueblo. Puede
resultar grandilocuente pero, a nuestro juicio, no le falta razón.
Volvamos
a las redes sociales. Muchas amistades (algunas reales y otras
virtuales), a raíz de Risco Caído, han lanzado la siguiente
pregunta: ¿Por qué Tindaya no es Patrimonio de la Humanidad? La
respuesta es sencilla y amarga: la ignorancia es muy fea.
Todos
los pueblos ancestrales poseen referencias orográficas que fueron
construidas culturalmente como espacios diferenciados, vinculados
a los cultos, a las dudas, a la persecución de respuestas y a la
búsqueda de soluciones. A pesar de la permanente obstaculización
institucional ya nadie duda de que la Montaña de Tindaya fue el
principal lugar (aunque no el único) elegido por el pueblo maho para
solicitar ayuda, para buscar intermediación, para apaciguar los
desvelos, para dirimir conflictos, para ofrendar y
demandar respuestas, y lluvias, y vida.
Sus
valores naturales, etnográficos y arqueológicos han sido estudiados
desde hace décadas. No los volveremos a repetir. La Coordinadora
Montaña de Tindaya ha
recopilado en un libro, Tindaya, el monumento ya existe, y en una
excelente página web (www.salvartindaya.org)
la mayoría de los estudios, artículos, noticias y opiniones
científicas sobre este singular espacio. También, cómo no, ambas
fuentes de documentos explican la oscura historia de la Montaña
desde que las instituciones canarias decidieron que lo importante no
era su legado sino un proyecto para sacarle su piedra y convertirla
en un parque turístico y en una mina de corrupción.
Pero
como la ignorancia es muy fea, y
a tenor de algunos comentarios y preguntas lanzadas recientemente en
las redes sociales, puntualizaremos y recordaremos algunas certezas
que han impedido que Tindaya, a día de hoy, sea Patrimonio de la
Humanidad.
Asombra
que, a estas alturas de la película, algunas personas sigan
repitiendo la matraquilla de que las personas que defienden la
Montaña nunca dijeran nada hasta que llegó Chillida con su proyecto
personal y megalómano.
Desde 1984, diez años antes de que el artista llegara a la
isla, hay noticias de las denuncias que colectivos ecologistas y
profesionales de la arqueología y de otros ámbitos intelectuales
realizaban ante las
agresiones que las canteras estaban ocasionando en
Tindaya. Así que,
queridas criaturas desmemoriadas, hagan un esfuercito y entren en la
hemeroteca de www.salvartindaya.org.
Es un buen antídoto para dejar de repetir el consabido y falaz
mantra.
Pero
la Montaña de Tindaya no es Patrimonio de la Humanidad, a pesar de
reunir con creces todos los requisitos exigidos, porque una parte
importante de los partidos políticos de Canarias lo han impedido. En
la anterior legislatura se presentaron sendas propuestas en el
Cabildo de Fuerteventura y en el Parlamento de Canarias para iniciar
los trámites que desembocaran en su declaración como Patrimonio de
la Humanidad. El PSOE, el PP y CC lo impidieron con sus votos, en un
gesto que vuelve a
demostrar lo fea que es la ignorancia.
Para
no aburrirles les recordamos dos vergonzosas anécdotas en el escaso
recorrido que la ignorancia dejó al
debate de la propuesta. La primera es que el Cabildo de Fuerteventura
(con los tres partidos mencionados) votó en contra de la propuesta en el
caso de Tindaya pero lo hizo a favor de la propuesta de la
declaración de Risco
Caído en apoyo al Cabildo de Gran Canaria. La segunda anécdota tuvo
lugar en el debate del Parlamento de Canarias, donde Mario Cabrera
replicó que estaría de acuerdo con la propuesta si se incluyese el
proyecto de Chillida en la declaración. Vamos, que el hombre
pretendía que la UNESCO modificara las condiciones para declarar un
espacio como Patrimonio de la Humanidad incluyendo un
proyecto no realizado como
obra a proteger.
La
declaración de Risco Caído abre una nueva puerta a la esperanza de
que Tindaya sobreviva a la ignorancia. La batalla social hace tiempo
que ha sido ganada a favor de proteger, estudiar y conocer los
valores materiales e inmateriales de la Montaña. Ningún partido
político de Fuerteventura incluyó la defensa del proyecto de
Chillida en sus
programas de las últimas elecciones. Miles de personas en
Fuerteventura y en Canarias han exigido respeto a Tindaya y a nuestra
historia. Las nuevas corporaciones -en el Cabildo y el Gobierno
de Canarias- tienen
la oportunidad de revertir definitivamente el abandono al que tienen
sometido a ese trocito único de la humanidad. No es que nos fiemos
mucho del andar de la perrita, pero esperamos que si el viento de la
ignorancia les vuelve a murmullar, viren sus hocicos para Risco Caído.
Lo mismo se les pega algo y
hasta es posible que les aumente su autoestima.
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